Sociedad Civil versus Desesperanza – Ismael Pérez Vigil

Publicado en: Blog personal

Por: Ismael Pérez Vigil

A la memoria de Olga Ramos y Rafael Macquhae,

rocas de la sociedad civil, Impenitentes luchadores

por la democracia, la libertad y una educación libre

y de calidad, descansen en paz, amigos…

Siempre que se habla de las formas prácticas de combatir ese sentimiento de angustia y pesar que acogota a todos los venezolanos, la desesperanza, invariablemente pienso en la resistencia de los ciudadanos y de la sociedad civil al régimen que nos asola desde 1999.

Desde siempre y de muy variadas maneras, la sociedad civil, los ciudadanos, han estado presentes en la historia política de Venezuela; pero, especialmente desde 1999, que empezó este régimen de oprobio, que continua hasta hoy, nadie contaba, mucho menos el propio Chávez Frías, que la muerte de los partidos políticos, que él propicio, no sería tan definitiva y mucho menos contaba con el surgimiento de este actor que le ofrecería una denodada resistencia: El ciudadano, organizado como sociedad civil.

Antes de continuar aclaro que, para este concepto tan amplio y algo esquivo, adopto el criterio que sociedad civil (SC) es para mis análisis lo diferente a partidos políticos, organizaciones religiosas, sindicatos y obviamente organizaciones militares. Se trata, entonces, de ciudadanos organizados para actuar política y socialmente, por ejemplo, pero al margen de los partidos y cuyo objetivo no es la búsqueda del poder.

El “comienzo” de lo actual.

Paradójicamente, la actividad política de dos personajes −por muchos motivos antagónicos y opuestos−, Carlos Andrés Pérez y Hugo Chávez Frías, va a ser pieza fundamental en el surgimiento y desarrollo de ese actor político que, sin ser nuevo, pues como dije, está presente a todo lo largo de nuestra historia política, pasa a ser fundamental de 1999 en adelante.

Desde un punto de vista positivo, el impulso a la privatización de las empresas del estado, la descentralización, el impulso a la elección directa de los gobernadores y la elección nominal de los diputados al Congreso Nacional, entre otras políticas desarrolladas durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, abrieron las puertas para una entrada, más sólida, en la política, de este actor.

Desde un punto de vista negativo, Hugo Chávez Frías, con su prédica antipolítica y contra los partidos y a la vez propiciar que fueran los ciudadanos y la sociedad civil los únicos que participaran en la elección de la Asamblea Constituyente de 1999 −que él convocó y cuyos términos, parámetros y contenidos, él definió e impuso−, fue también un impulso para que, como actor, la SC, se manifestara, de manera decisiva. Todos recordamos que en 1999 en las regulaciones con las que se convocó a una Asamblea Constituyente, a la sociedad civil se le dio preeminencia y todo el espacio; pero, no tardamos en descubrir que en realidad esto no era así, sino que se trataba simplemente de una forma más de restar importancia y relegar a los partidos políticos. Desde entonces, la arremetida de este régimen en contra de la sociedad civil, no ha cesado.

El “chavomadurismo” contra la sociedad civil.

Las instituciones controladas por el régimen, desde sus inicios, han arremetido contra la sociedad civil. Por ejemplo, el TSJ con varias sentencias dictadas por la Sala Constitucional, en las que se alude a la sociedad civil, se ha disminuido, confiscado o menoscabado sus funciones. Las arremetidas de la Asamblea Nacional, controlada por el régimen, han sido también notables: limitando su papel en el CNE, con intentos de legislación para controlar sus recursos; y desde luego, las tentativas de control, la persecución a sus lideres y la criminalización de sus actividades, por parte del gobierno de Nicolás Maduro, especialmente desde 2018; y estos son solo algunos de los ejemplos, de los que no voy a entrar en detalles, pues no voy a repetir lo que he dicho en otras ocasiones (ver Nueva Arremetida Contra la Sociedad civil, https://bit.ly/3wAsNR4)

En estos 23 años se han emprendido innumerables iniciativas para salir de este régimen de oprobio: huelgas empresariales, paro petrolero, intentos de golpe de estado, intentos de rebeliones militares, manifestaciones gigantescas, miles de protestas al año, hemos votado innumerables veces, nos hemos abstenido, hemos dialogado y negociado, designamos un gobierno paralelo, etc., y nada ha dado resultado, produciendo esta situación de desánimo y desesperanza que nos agobia.

Pero, a la vez surge de todo esto una reflexión que no podemos olvidar, aunque algunos lo hacen y el gobierno la exacerba: el régimen con sus incontables recursos, que ha utilizado a discreción para comprar voluntades y conciencias y a pesar de todo su poder realizando amenazas, chantajes, intimidación, represión a mansalva, inhabilitación de candidatos y partidos, forzando a miles al exilio, llenando las cárceles de presos, con juicios amañados y sin defensa, torturas y violación comprobada de derechos humanos, etc., no ha logrado eliminar a la oposición, sacarla del juego, evitar que de todas maneras se manifieste y surja. Ese es nuestro principal activo en esta lucha, que no podemos dejar de lado y despreciar, porque es el argumento más fuerte que tenemos contra la desesperanza. Así que, veamos cómo se dio este proceso, desde sus orígenes.

Matizando a la sociedad civil.

En buena parte esa resistencia de la SC se debe a que ha surgido con fuerza y se ha fortalecido desde 1999, con sus oenegés y la actividad de los ciudadanos y vuelve siempre por sus fueros; pero se hace necesario matizar esta actividad, pues me preocupa que se deifique y la cierta sobrevaloración que hacemos de ella.

La SC siempre ha sido celosa de su independencia, sobre todo de los partidos; pero estamos conscientes que en Venezuela, por acción u omisión, todo fue creado por los partidos −los sindicatos, los gremios, incluso los grupos vecinales−; no obstante, precisamente, la caída en desgracia de los partidos y la arremetida que sufrieron desde 1999, fue creando el espacio para que surgiera y se hiciera más fuerte el fenómeno de la SC, con algunas importantes diferencias de la SC, llamémosla histórica, que se manifestó tan ligada a los partidos políticos desde 1958 y que participaba en las campañas electorales apoyando diferentes candidatos, sobre todo de la partidos principales de entonces: Ad y Copei.

Sociedad Civil y régimen de Chávez Frías.

La primera manifestación de resistencia ciudadana y de la SC al régimen impuesto por Hugo Chávez Frías desde 1999, fue la participación de cientos de ciudadanos buscando firmas para postular candidatos y luego elegirlos para conformar la ANC de 1999. Allí tuvimos, los que participamos activamente en la actividad, el primer atisbo de que no es posible derrotar en lizas electorales a las maquinarias partidistas. Luego vinieron otras protestas contra el régimen. De especial mención la de las mamás, en aquellas jornadas de protesta, por todo el país, en las plazas públicas, en defensa de la educación libre y contra del decreto 1011, bajo la consigna: “con mis hijos no te metas”. Y tantas otras, que en estos 23 años, con ese impulso de resistir y combatir a Hugo Chávez, su constituyente y su régimen, desarrollaron un verdadero “boom” que al régimen, que lo propició, se le fue de las manos. Surgieron entones cientos de organizaciones, ligadas a la actividad política, a la resistencia, gente muy crítica que quería hacer oposición y quería hacer política, pero no lo quería hacer en los partidos, bien porque estaban desprestigiados o porque esos ciudadanos no eran capaces de tolerar la disciplina de los partidos.

Los ciudadanos, resistiendo al régimen que se imponía, formaron sus propias organizaciones, a las que se sumaron los disidentes de los partidos, que antes, al desgajarse de su partido de origen, formaban otro y que ahora forman una oenegé. Y también, al sumarse a esa resistencia las oenegés que ya estaban formadas para atender problemas educativos, ambientales, de salud, etc…y que comenzaron a involucrarse en la política, fueron formando una numerosa e intrincada red.

Sociedad civil hoy.

Hoy tenemos, entonces, cientos de oenegés, cercanas al millar, de organizaciones con motivación específicamente política. Organizaciones que por momentos, es verdad, se comportan, dividen y tienen disputas muy similares a la de los partidos, pero con la diferencia que no están diseñadas, como tales, para luchar por el poder, aunque algunas lo quieren hacer y reemplazar a los partidos. Obviamente estas organizaciones no se comportarán igual cuando retornemos a la democracia y será allí, cuando nadie las persiga ni acose, que van a probar su verdadero valor, pues podrán ser una verdadera fórmula de control ciudadano sobre el desempeño de los gobiernos, locales y nacional. Toda esa energía, volcada hoy hacia la actividad política y el rescate de la democracia, podrá dirigirse el día de mañana a resolver de manera eficaz y eficiente, acuciantes problemas sociales y económicos del país; siempre que no olvidemos, como ocurrió en el pasado, especialmente desde 1958, que los políticos están allí porque nosotros los pusimos allí y dejamos de controlarlos, los abandonamos a su suerte o su buen saber y entender, pues preferimos la vida profesional, la  vida académica, dedicarnos a las empresas y la actividad económica, etc. Perdimos todo control sobre la acción de gobierno y sobre la posibilidad de contribuir como ciudadanos a enfrentar los problemas del país, desde una perspectiva que no suponga obtener prebendas políticas, figuración o cargos.

Cómo prepararse.

Ciertamente hoy tenemos muchas oenegés, muy activas algunas, pero una gran indiferencia ciudadana hacia la política, hacia los partidos y hacia las propias organizaciones de la SC que se dedican a la política; ¿Qué se puede hacer para que los grupos locales y vecinales, arremetan contra la desesperanza y como en el pasado, se organicen para votar y sobre todos para defender los votos?

Creo que la respuesta es mantenerlos allí, en ese nivel local, formando redes sociales y políticas, fuertes por su versatilidad y eficaces por su constancia y tenacidad; y desde allí, con posiciones firmes, velar porque las decisiones se tomen democráticamente. Esa es una forma además de crear “capital social”, pues la gente se vuelve demócrata, viviendo democráticamente, tomando decisiones por consenso, tolerando y aceptando las diferencias, siendo flexible. No tenemos democracia en el país, pero la podemos tener en la comunidad en la que vivimos y nos desempeñamos, en el grupo de vecinos, en el barrio, en el liceo, en las universidades, los gremios, en la comunidad inmediata, en nuestras oenegés; y que comprendan que ese problema, local y vecinal, con el que lidian todos los días, no se va a resolver completamente sin conexión a lo general y por eso hay que dar el salto a lo general, a lo político. Para cuando lo den, ya habrán aprendido a vivir en democracia, a ser flexibles y tolerantes, a aceptar las decisiones de los demás. Habremos aprendido lo que es la democracia.

Sociedad civil y “grupos de electores”.

Eso implica aprovechar todas las oportunidades que se presenten y una forma de combatir ese pesar de la desesperanza; por ejemplo, aprovechar que el CNE ha abierto un lapso para que se registren e inscriban “Grupos de Electores”; esto se puede hacer en el nivel local, vecinal, para que los ciudadanos organizados en sus vecindarios puedan presentar o apoyar candidatos; es también una manera de presionar y poner a las organizaciones políticas en la posición de que acepten las reglas del juego democrático de los ciudadanos y sus aspiraciones. Éste es un simple ejemplo de una manera de comenzar un proceso, real, de organización y construcción de redes, de organizaciones políticas al alcance de cualquier ciudadano, en donde los ciudadanos puedan participar sin renunciar a su condición de tal, al espacio vital que conocen y dominan.

Conclusión.

A pesar de todos sus esfuerzos, la sociedad civil venezolana, aun cuando no ha sido exitosa en su empeño de salir de este régimen de oprobio, ha resistido y sobrevivido y ha logrado crecer, en número, en miembros y en determinación. Le quedan dos tareas importantes, una inmediata y otra pendiente.

La inmediata, creo yo, es conectarse con las primarias opositoras, sobre todo en el exterior; tal como ya mencioné la semana pasada −en Contradesesperanza,  https://bit.ly/3Ln0OLR −, esa es una tarea que perfectamente puede quedar completamente en manos de la sociedad civil, siempre y cuando se lleguen a acuerdos básicos de aceptar los resultados, de incorporarse todos a la campaña del ganador y en el propósito de llevar una respuesta a un país que espera y hoy muere de mengua y abandono; acuerdos que sean respetados por los precandidatos y partidos que compitan; aunque si no lo hacen, de todas maneras la SC les sabrá pasar la factura.

Y la tarea pendiente, desde hace muchos años, es ayudar y presionar a los partidos políticos a profundizar en su renovación y en sus procesos de reorganización; una manera, a nivel local y vecinal, es ayudar a incorporar cada vez más ciudadanos a la tarea de resistir y se me ocurre que una fórmula puede ser organizando los “grupos de electores”, que ya mencioné, que muestren a ciudadanos y partidos una vía y una forma de organizarse, de ser tolerantes y flexibles, de desarrollar democracia desde la base.

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