Stoikiy mujik – Sergio Dahbar

Por: Sergio Dahbar

Hay momentos en la historia de los hombres que poseen la virtud de significar muchas cosas a la vez. Esta semana la brutalidad militar le regaló a los hijos de Julio Borges, Presidente de la Asamblea Nacional, una imagen para la gloria familiar. Me refiero al momento en que el gorila lo echa de la oficina a empujones. Esa imagen será imborrable en el futuro de este país.

He visto el video varias veces. Y siempre tuve presente las líneas que repite un espía ruso cuando personifica al abogado que lo defiende, un hombre honorable que asume ese caso aún cuando todo indica que no lo debería aceptar.

“Cuando era un niño, nuestra casa fue invadida por guardias partisanos. Mi padre, fue golpeado. Mi madre, fue golpeada. Y el amigo de mi padre, fue golpeado. Y vi a este hombre. Cada vez que era golpeado, volvía a ponerse de pie. Cuanto más duro lo golpeaban los soldados, él se volvía a parar. Creo que por eso se detuvo la golpiza y lo dejaron vivir. “Stoikiy mujik”. Quiere decir en ruso “El hombre de pie”. Que se mantiene de pie aún en la adversidad. Usted es el hombre de pie’’.

Julio Borges es el hombre de pie. Lo hemos visto recibir golpes por intelectuales chavistas en la Asamblea Nacional. Y también ser agredido por intelectuales chavistas en las calles del centro de Caracas. Le han partido la cara. Y Borges se ha puesto de pie. “Stoikiy mujik’’.

El otro momento que ha venido a mi mente, a partir de estas primitivas imágenes de un chavismo que perdió su enorme e invalorable capital político, que ha terminado por parecerse a lo que siempre se opuso (militares, torturadores), porque se convirtieron en la sombra que combatían, es el 12 de octubre de 1936.

En España se conmemoraba el día de la Raza. Y en la Universidad de Salamanca se confrontaron el rector de ese magno recinto, Miguel de Unamuno, y otra vez, un militarote al uso, descerebrado e impulsivo, José Millán Astray.  Se enervó este hombre con un solo ojo y un solo brazo porque el rector que conducía el acto en el Paraninfo no le daba la palabra. Entonces gritó: ¡Mueran los intelectuales!, ¡Viva la Muerte!

Unamuno improvisó unas palabras, según el biógrafo Jon Juaristi: que la guerra se había convertido en una guerra incivil; que el odio no deja lugar a la compasión; que la inteligencia nada tiene que ver con la inquisición. Unamuno tuvo que salir escoltado para que no lo agredieran.  El 22 de octubre de ese año Franco firmó la destitución como rector de la Universidad de Salamanca y murió a los meses bajo arresto domiciliario.

Cuarenta y cinco años después otro episodio español, protagonizado por un teniente coronel al que no se le daban bien las conspiraciones, conmueve a España. El 23 de febrero de 1981 Antonio Tejero asalta el Congreso de los Diputados. Otra vez tres hombres se mantendrán de pie, frente a la barbarie: Adolfo Suárez, Manuel Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo.

Dos cosas entendieron los españoles de esa infausta experiencia: “que los sistemas puros y las verdades absolutas siempre terminan con una pistola en la mano’’; y que “los que no aceptan la pluralidad y la diversidad de la sociedad, y los que quieren el bienestar de unos sobre la miseria de los otros, son enemigos de la democracia’’ (José Antonio Rojo).

Una coda final, que bien podría ser un codazo. No es de extrañar que la turba tuitera se haya burlado de Borges. Hubieran preferido algo más “macho’’. La decencia civil les aburre. Prefieren la acción de las botas. En este desliz, en este gesto inconsciente, respira el verdadero drama de un continente que en los momentos más dramáticos de su historia escoge el empujón y deshecha la inteligencia. En lo personal, celebro al Stoikiy mujik.

 

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