Trabajemos para vencer – Soledad Morillo Belloso

Soledad Morillo BellosoMe cansé de escuchar , leer y escribir enjundiosas descripciones de lo está pasando. Me harté de sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios. Estoy hasta el moño de hipérboles y metáforas, de infinitas cadenas de rezos, de cientos de palabras vertidas en comunicados cargados de denuncias, protestas y llantos. No soporto ni una más de las miles de frases ingeniosas que inundan las redes. Ya. No más.
Pasemos por Dios a dejar de ceros acumulados a la izquierda. Dejemos de hablar de los errores y desaciertos del pasado. Cesemos de meter a todo el liderazgo en la molienda. Porque eso no sirve para cosa alguna, como no sea para que muchos se paren frente al espejo y consigan coartada para declararse inocentes y echarle la culpa a todos menos a sí mismos. Basta.
En 2019 habrá un referéndum para la aprobación o rechazo de la nueva constitución. Me parece ociosa la discusión sobre si ese texto de la nueva bicha nace en una asamblea nacional constituyente ilegal, inconstitucional e inválida y por tanto lo que de ella salga es a su vez ilegal, inconstitucional e inválido. ¿Y? Eso no va a cambiar la realidad, que es una: en 2019, como dentro de unos 9 o 10 meses, una nueva constitución será presentada para su aceptación o no. Y no podemos hacernos los desentendidos o, peor, gastarnos en pretender que no ocurra ese proceso electoral. Porque con o sin la participación de la mayoría de electores, referéndum va a haber, sí o sí.
Entonces, el debate no es sobre si vamos a participar o no, es sobre montarnos ya en una estrategia y una táctica para ganar. Algunos numeritos nos pueden servir: si los votos son simples (1 ciudadano 1 voto) necesitamos unos 8 millones para ganar. Los técnicos sabrán decirnos con precisión matemática cuántos votos son necesarios para triunfar si se presenta el caso de votos simples y votos sectoriales. Pero imagino que quizás unos 500 mil más. Como en cualquier plan, hay que determinar claramente dónde están esos electores, cómo son, qué edad tienen, a qué se dedican, si tienen hijos, si tienen familiares que tuvieron que emigrar, cómo han votado en el pasado, etc. Un proceso electoral de esas características no se gana montando una campaña de hablarnos entre nos ni haciendo como los curas que regañan a los que están en la iglesia por los que no van a misa. Es imprescindible tener datos demográficos y psicográficos.
Este proceso tiene una ventaja: la unidad de los factores de oposición es un requisito sin costo para los involucrados. No hay partidos políticos, no hay competencia de liderazgos ni concursos de popularidad. No hay «me gusta éste/ésta» o «detesto a éste/ésta». Ninguno en la unidad llega de primero, de segundo o de último. La victoria es colectiva. Y nos pone, otra vez, a defender la constitución de 1999, que es la única que a hoy tirios y troyanos reconocemos. Al pretender cambiar la Constitución, Maduro no sólo va a ir contra la oposición sino contra Chávez.
Nueve o diez meses. Es a la vuelta de la esquina. Trabajemos para vencer en ese referéndum.
@solmorillob

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