Venezuela al borde de sí misma - Fernando Rodríguez

Venezuela al borde de sí misma – Fernando Rodríguez

Publicado en: El Nacional

Por: Fernando Rodríguez

Yo no creo que, porque atravesamos en épocas pasadas situaciones harto difíciles y de diversa naturaleza: guerra de Independencia, guerra Federal, caudillismo, gomecismo y algunas otras y, al menos en cierta medida, logramos superarlas, vayamos a vencer —al menos razonablemente en calidad y tiempo— esta que vivimos. Es como creer en que los venezolanos poseemos una fuerza intangible que nos mueve y nos impide sucumbir, al menos padecer por largos períodos, situaciones negativas y aun catastróficas. Cada situación tiene caracteres propios y no reductibles a estadios anteriores, sustancialmente diversos, y mucho menos a las consignas patrióticas del himno nacional que cantan a nuestra inflamada alma nacional.

Si algo caracteriza la Venezuela que vivimos es que es enigmática, que presenta algunos visos que no imaginamos ni ayer ni antier. Para comenzar —y también debería ser para terminar—, después de que se fueron los españoles colonizadores, hace ya un buen rato, nunca habíamos vivido una intromisión extranjera como la que ha practicado y sigue practicando el bucanero de Donald Trump en el gobierno y la economía del país. Es cierto que durante mucho tiempo y de las más diversas maneras existió el llamado imperialismo gringo que no solo explotaba sin clemencia nuestras riquezas, las nuestras y las del resto del continente, sino que manipulaba políticamente a nuestros débiles gobiernos, de vez en cuando, con un siniestro dictador que había montado en su sangriento pedestal o hasta con una invasión sin disfraz; a veces también con las maneras más sutiles de la férrea diplomacia. Era la doctrina Monroe con sus altas y bajas.

Ahora somos el exitoso experimento de gobernarnos directamente, como antes del 19 de abril de 1810, por títeres interpuestos. Somos un novedoso experimento del emperador bandolero y tramposo (hasta en el fútbol). La única victoria de su delirio narcisista —en un solo día— y modelo para el resto de sus piraterías, hasta con los ayatolas iraníes soñó en aplicarlo, sin buenos resultados Donald, que vaina. Pero ya se analizará en detalle esta monstruosidad. Por ahora urge darse cuenta que algo casi inaudito fue la fusión de la tiranía bruta y brutal con el imperialismo odiado por casi treinta años, que terminó en un sacrílego matrimonio con este, poniéndose a su servicio y este a dominarlo a latigazos —o a bombardeos de última factura, da lo mismo—. En un solo día, se ufana el truhan.

Cada día queda más claro, dicen los pesimistas o realistas, que el objetivo no era acabar con la dictadura, sino conquistar el petróleo y espantar a chinos y otros extraños hostiles del botín y el patio trasero. También que las ganas de irse no son necesariamente las dominantes, a pesar de que el pueblo todavía clama por María Corina.

Pero mientras esto se aclara, y mira que es oscuro, habría que recordar que la situación en que ha dejado la dictadura a Venezuela es terrorífica. No solo robaron como pocas veces se ha visto en el planeta, sino que acabaron con la economía completa, hasta con el petróleo. Y junto a la economía, la salud, la educación, la cultura…. 8.000.000 de venezolanos tuvieron que irse, entre ellos los más formados. Acabaron con todo, menos con sus cuentas bancarias.

Perdimos la democracia, pero también los salarios, los hospitales, las escuelas y universidades, los museos, los talentos y cuanta cosa se puede concebir. Nos han llamado con el peor epíteto, país fallido y no es una hipérbole.

Si a todo ello sumamos los terremotos recientes, esa tragedia sin límites, esa desgracia en las entrañas más hondas del país, nos da un panorama para el cual no basta invocar que el buenazo de Isaías Medina sucedió al diabólico general Gómez. Estamos en una encrucijada macabra. ¿Saldremos? Que otra cosa puede querer uno, botar a los Gringos, restaurar la democracia, sanar las heridas de los sobrevivientes de Vargas. Pero no será el legado de los ancestros decentes y efectivos de la política nacional, ni los milagros de José Gregorio, ni la ingenua geopolítica tercermundista. Tendremos que inventar para que nazca un nuevo país, día a día, a lo mejor por mucho tiempo. O nunca, eso pasa.

 

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