Jean Maninat

Volver es cosa seria… – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Son pocos los que se van sin prometer volver, sostiene Eliozondo, el cantinero de un entablado de media muerte en las cercanías de El Paso, Texas, a finales de siglo XVIII. Lo mismo sentencia Finn O’ Sullivan, mientras lustra el mostrador de la barra del Davy Byrnes, pub dublinés donde Leopold Bloom apuraba emparedados de gorgonzola con borgoñas de mala calidad. Y volver, volver, volver… repitió José Alfredo (no hay otro más que el Jiménez) con dejo arrepentido. Volver es cosa seria.

No es cosa para guachafita, para dejar a Penélope embarcada esperando en el andén, o a Rapunzel peinando la trenza virginal sin príncipe que aparezca a visitarla. No señor, cuando los partidos políticos entran en crisis y las sociedades en barrena, se proclama que hay que volver a los fundamentos, al contrato cívico, al espíritu fundacional de las criaturas del bosque o a los valores patrios de los héroes nacionales. Nadie (que se estime bien y quiera a su mamá) proclamará que hay que volver a la guachafita de siempre, a cumplir la admonición sangrienta de las brujas de Macbeth, o adorar libertinamente al becerro de oro, como tribu del desierto sin tablas de salvación. Según el canon, se vuelve con cierta dignidad, con las sienes plateadas por las nieves del tiempo, y no por un tinte de maquillaje teatral para remedar auctoritas. Volver es cosa seria.

Odiseo (Ulises) vuelve a Ítaca luego de 10 años de navegación, guerras, naufragio y muerte de su tripulación, no porque le haya dicho a su mujer Penélope, “cariño salgo a comprar cigarrillos, te prometo que ya vuelvo”. Los héroes homéricos cumplen su destino, son renuentes, tramposos, conocen la cobardía, las bajas, medianas y altas  pasiones que los hace humanos y atractivos para los dioses olímpicos. Ulises tensará el arco que más nadie puede tensar (ni su hijo Telémaco, ni los insolentes pretendientes que okupan su palacio), cumplirá con los designios del mito y del poema que lo canta, y las buenas lenguas atribuyen a un poeta llamado  Homero.

El héroe Ulises (Odiseo), no se excusa con angustia que ya casi está de vuelta, que le falta poco para arribar, nomás que el cíclope Polifermo le dé permiso para llegar a su isla, Ítaca, a reclamar lo suyo. Se sobrepone a la ninfa Calipso, a la hechicera Circe y los cantos de sirena, y finalmente derrota a los pretendientes de su casa y de su esposa, sin poses de héroe mitológico griego, ni empecinamientos de deidad olímpica. Si Odiseo (Ulises) se la hubiese pasado anunciando que ya estaba por volver, no hubiese sido el héroe mitológico de La Odisea, más bien el pastorcito travieso que alarmaba a los vecinos de su pueblo gritando: ¡Ea, que viene el lobo!

Volver es cosa seria…

N.B. Sí, tiene razón. Influidos por el anuncio del estreno de la versión cinematográfica de La Odisea por Christopher Nolan, recurrimos a unas prótesis de cultura griega antigua para emprender la relectura de la obra de Homero.

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