Las memorias de Bolívar

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  Este fin de semana pude dedicarme a leer un libro que, recientemente,  me llegó a la estación de radio. El libro, firmado por Lucrecia Morales García y Juan Carlos Morales Manzur, nos da testimonios del exilio venezolano.

  Leo una cita como esta: “…quienes hoy actúan con el garrote, mañana van a ser, de una u otra manera, beneficiados de esas políticas. Por eso es que yo siempre digo que en Venezuela  no hay problema de gobierno y oposición, en Venezuela hay un problema de democracia. No se puede perseguir el pensamiento,  así venga de la oposición o venga del gobierno, y creo que los síntomas que se han producido en los últimos años, serán síntomas que reafirmarán nuestra vocación democrática. (…) Yo creo, que este será recordado, como uno de los gobiernos más atroces, más represivos que haya tenido la democracia contemporánea venezolana, no solo por la persecución que se haya hecho al mundo político, sino por las expropiaciones, las confiscaciones, que evidentemente vulneran todo derecho civil homologable.  (…) La democracia es un derecho de los ciudadanos, no una bondad de otorgamiento del gobernante. (…) mi experiencia me dice, que la hegemonía se acabó; que en Venezuela no hay hegemonía de gobierno, ni de partido. Yo vislumbro el surgimiento de un liderazgo”.

  Para remate, dice: “¡menos mal, que esto está quedando grabado y en el momento cuando se los estoy diciendo! Pero este gobierno se va a sorprender de su propia insurgencia…”

  Eso, entre tantas otras cosas, lo afirma en este libro, “Memorias del exilio político venezolano en Perú. Hablan sus protagonistas”, el ex gobernador del Estado Aragua, Didalco Bolívar, quien ahora, en un triple salto mortal, evidentemente con red, ha regresado a las filas del Chavismo.

  No se trata de cuestionarle ¿por qué antes estuvo aquí y regresó,  por qué antes estuvo allá? Total, Francisco Arias Cárdenas,  comparó a Hugo Chávez con una gallina y allí está acompañando al Presidente, y así tantos otros, que estaban acá o van para allá. No se trata de revisar y cuestionar, puntualmente, en el caso de este señor, sino reparar en algo muy interesante: Él hace observaciones sobre el problema de la justicia y dice: “Yo lo único que digo es que yo quiero tener el derecho a la defensa como todo ser normal (…) se abrió un expediente al cual yo todavía no he tenido acceso.”

  ¿Qué ocurrió con Didalco Bolívar?

  Didalco confiesa que la manera cómo él sale del país es increíble: “…en el momento que se libera la frontera, bueno, yo me puse mi uniforme de Teniente-coronel, que es el que más me ha gustado, y efectivamente, atravesé la frontera uniformado como me pidieron, y ellos mismos me llevaron a la oficina, me sellaron el pasaporte; yo atravesé la frontera; me despedí de ellos con un abrazo, y se los agradezco a todos: a esas amigas y a esos amigos. Llegué a Cúcuta.”

  Sale de la frontera, vestido de militar, pero todos recordamos como regresó Didalco Bolívar, aterrizó en Rampa 4 (Maiquetía), lleno de privilegios, sin ningún inconveniente.  Todos los cargos que había en su contra fueron, definitivamente, borrados. Ismael García, cuando quiso llamar la atención de Hugo Chávez y Luisa Estela Morales, dijo: “Pero si ustedes mismos dijeron que este señor era un delincuente”. Ahora todo eso se borró, vaya usted a saber que ocurrió en el caso de Didalco Bolívar,  y ahora se acercó llevando las credenciales del Partido Podemos, para decir: “Podemos” apoya es a Hugo Chávez.

  Pero cuando él hace las observaciones sobre la justicia, en su exilio allá en Lima, leyendo esto, no pudimos dejar de compararlo y de pensar en el caso de Herman Sifontes, sobre todo después de haber leído ese dramático y conmovedor texto de Federico Vegas, “Sobre Herman Sifontes”, en el Papel Literario de El Nacional, el día sábado. Además, uno lee esto, y piensa en los casos de los comisarios.  Ayer fue el Día del Padre, y ¿cómo pasó el día del padre, por ejemplo, Iván Simonovis?

  De manera  que hay una justicia para unos y una justicia para otros.

  Este libro sería bueno tenerlo en cuenta, y, como dice Didalco Bolívar, “¡menos mal que me grabaron para que quede constancia!”  Bueno, aquí está la constancia, señor Bolívar.

  “Memorias del exilio político venezolano en Perú. Hablan sus protagonistas” de Lucrecia Morales García y Juan Carlos Morales Manzur.

  No todos somos iguales, definitivamente.

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