El naufragio – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

En la tensa espera. El aire está tan denso, tan grueso, tan cargado,mk9HMijk_400x400 que sólo podría cortarse con una fuerte sierra con filo de diamante. Maduro estuvo de viaje. Tiene nuevos mejores amigos. Nada menos que Putin y Erdogan, dos de los más acabados representantes del fascismo del siglo XXI. Fue a guindárseles. En la búsqueda de plata y algo de apoyo internacional, habida cuenta que no tiene ni lo uno de lo otro. Escoge estar afuera cuando se produzcan los anuncios del TSJ. Se llevó a Padrino López, temiendo acaso que se le convirtiera en un Juan Vicente Gómez que lo viera como éste vio a El Cabito. Dejó en Venezuela a Aristóbulo, a quien ya ni temen ni respetan.
Hay que elegir las batallas. Si uno pretende ganar en muchos frentes a la vez, aumentan las probabilidades de perder el conjunto. Hay que preguntarse qué se está dispuesto a perder para ganar. Cuesta creer que eso no se lo esté planteando el régimen. ¿Qué vale más? ¿Usar la carta del TSJ para que apruebe el asunto del presupuesto sin la aprobación de la AN? ¿Jugársela para matar el revocatorio y, de paso, postergar hasta nuevo aviso las elecciones regionales y así destruir el derecho al sufragio? ¿O que el TSJ se convierta en tribunal de la Inquisición y le quite de un zarpazo  la inmunidad a los parlamentarios? Insisto. ¿Qué vale más? Por de pronto, el TSJ le obsequia a Maduro el control absoluto sobre el presupuesto. Eso trae consecuencias, internas y externas. Para el país y, también, para el gobierno.
Santos se sienta en la mesa con los factores del NO. Pone su premio Nobel sobre la madera de esa nueva y barroca mesa de arbitrajes. Uribe y Pastrana, con cortesía paisa y cachaca, le recuerdan que fue derrotado en el plebiscito.
La estrategia petrolera se derrumba. Funciona para los demás, pero no para Venezuela, que tumbó su producción petrolera (gracias a la gerencia de Ramírez) y dejó de ser una potencia importante en el negocio. De ser un titán, Venezuela pasó a ser un personaje menor. Del «somos» pasamos al «fuimos». A esto condujo la gerencia petrolera chavista.
Siento que estamos en presencia de un naufragio. Ya ocurrió. Por impericia y torpeza de la tripulación. Los sobrevivientes están ya en una isla desierta. Pero los que quedaron de la tripulación son unos cuantos que o estaban entre los que hicieron naufragar el buque o son apenas camareros o grumetes rasos, con poco conocimiento para dirigir la vida en la isla desierta y conseguir la manera de organizar la forma de construir una nueva embarcación que permita salir de la isla y llegar a un puerto seguro. Estos tripulantes se quedaron con las armas que había en el buque y se niegan a escuchar los consejos de muchos pasajeros con vastos conocimientos y capital intelectual para enfrentar la situación. ¿Tiene sentido que en esa isla desierta gobiernen los menos capacitados y fanáticamente obsesionados por el poder? ¿Cuánto tiempo pasará antes un los sobrevivientes pasajeros, luego de intentar todos los caminos de diálogo y negociación decidan que no les queda de otra que la rebelión? Una cosa está clara: en la isla desierta no sobrevivirán dirigidos por tripulantes incapaces. Y de la isla no saldrán mientras esos tripulantes estén gobernando. Como en Esparta, los tripulantes pueden aceptar decidir a través de una consulta. O sensatamente ceder el mando. De lo contrario, tripulantes y pasajeros están condenados a una larga y dolorosa agonía en la isla desierta y eventualmente a la muerte.
@solmorillob

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