Por: Jean Maninat
Ya nada es igual, todo ha cambiado. El gatopardismo es una ficción, una frase ocurrente repetida mecánicamente por legiones sin haber leído a Giuseppe Tomasi di Lampedusa, ni saber si la celebérrima frase la pronuncia don Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina o el ambicioso pobretón de su sobrino, Tancredi Falconeri. Poco importa, en cualquier conciliábulo político de medio y alto pelo, o sobremesa etílicamente alterada, la admonición salta como vampiro al cuello: “Eso es puro gatopardismo: que todo cambie para que todo siga igual”.
Pero las cosas sí cambian -¡y cómo!- y ya nada va quedando igual y “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” como verseaba Neruda cuando era cursi y tonto. Sucede que cambios pueden haber -¡y cómo!- pero no los que nos gustan, o a la velocidad deseada, o con los actores de nuestra predilección, y metemos la mano en el bolsillo, sacamos nuestra pata de gatopardo disecada y conjuramos el momento: “aquí -en realidad- no está pasando nada”. Y seguimos tan campantes de la casa a nuestros asuntos.
Pero ya ni los agentes secretos son los mismos. Cómo no echar de menos al entrañable Superagente 86 -sí, el mismísimo Maxwell Smart- sublimemente torpe, engorroso al actuar, pero siempre capaz de salvar el día con una idiotez genial y derrotar a los malos de KAOS. Y qué decir del Agente de CIPOL, el dúo increíble formado por el agente secreto norteamericano Napoleón Solo e Illya Kuryakin el agente secreto soviético (una especie de Putin, pero más joven y con pelo) quienes conformaron la primera dupla de espías y amigos gringo-soviética de la guerra fría para combatir a S.A.T.U.R.N.O, la terrible ONG que quería conquistar el mundo. (Por favor, no vamos a recurrir al perezoso recurso de referirnos a Bond, James, Bond un fuera de serie televisiva… porque nunca la tuvo).
(¡Ah!, los espías de antes: los de la CIA invadieron Cuba -con civiles cubanos de la calle 8 en Miami- por una playa de nombre poco heroico, por no decir higiénico, Bahía de Cochinos. Y el hermano mayor de los Castro denunció que habrían planificado millares de intentos para matarlo sin éxito, ni prueba alguna. Y desde el lado cubano del Golfo de México plantaban espías a granel en suelo norteamericano, que eran descubiertos cuando ya eran bisabuelos y se les había olvidado a qué habían venido. Pero había aventura, suspenso, emoción, así fuera en blanco y negro y con coches marca Lada de dudoso funcionamiento, para presumir en la Isla).
¡Nada ha cambiado! ¿Qué pensaría John le Carré, el difunto creador de George Smiley, burócrata genial del M-16 británico, de haber visto la reunión entre las altas esferas de la seguridad cubano-norteamericanas, incluyendo al mismísimo jefe de la CIA y un oficial isleño de abolengo en la nomenclatura que responde al sospechoso sobrenombre de Cangrejo? Todo en persona, nada de reuniones por Zoom, ni en una yate pesquero en aguas internacionales disfrazados de miameros, ni en un bar clandestino de Centro Habana haciéndose pasar por músicos y productores musicales. No señor, en vivo y directo de cara al mundo.
Según la cadena televisiva norteamericana CBS, una “fuente” de la CIA habría informado que en el encuentro se “discutió la cooperación en materia de inteligencia, la estabilidad económica y cuestiones de seguridad, todo ello con el telón de fondo de que Cuba ya no puede ser un refugio seguro para los adversarios en el hemisferio occidental”. Las fotos de la reunión dan cuenta de su veracidad a pesar de los rostros borrosos de los funcionarios norteamericanos. ¿Qué se trató en realidad, vista la reciente imputación de la justicia norteamericana al nonagenario Raúl Castro? ¿Qué hace el portaviones USS Nimitz rondando por el Caribe? ¿Habrán espías “dormidos” en La Habana? ¿Y cuando despiertan, usan sobretodo y sombrero en ese calorón?¿Nada ha cambiado? Saca tu pata de gatopardo disecada por si acaso…





