Wichafe, el perro de la capa roja - Carlos Raúl Hernández

Carrera de sacos – Carlos Raúl Hernández

Ante la merienda unos se declaran vencedores (“te lo dije”), otros responden con vaselina sobre al affaire del CNE, particularmente los devoradores de alacranes, a los que el gobierno les quita un problemón de encima

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

Como en la novela de Juan Rulfo unos fantasmas intrigan contra otros fantasmas que deambulan sin saber que lo son, en una zona espectral, tierra de nadie entre la vida y la muerte. Juan Preciado viaja por las inmensas soledades buscando a Pedro Paramo, su padre y pregunta por él a un carretero que se consigue en el camino, pero que también estaba muerto mucho tiempo antes y resulta igualmente hijo de Pedro Páramo. Si las voces furtivas que traía el viento de Comala pertenecían a espíritus que vagaban en la tristeza de sus sueños irrealizados, traiciones, dolores, amores perdidos, en la nueva versión los ecos de ultratumba hablan de la asamblea legítimaaaa, “si o siiiii”, ya falta pocooo, colaboracionistassss, alacraaaanes, gobierno interinooo, cuántos millones me tocannnn. Es el burlesque espectral de un presidente que nunca existió, el vicepresidente, sus adulantes, estrategas y las correspondientes intrigas cortesanas. 2019, “el año que vivimos en peligro”, suena demasiado remoto para la memoria de espíritus que no quieren recordar. Decían “solos no podemosss”, imploraban a Trump que asfixiara económicamente a los venezolanos, que invadiera, pero misteriosamente no notaban el detalle: tenían el poder en las manos.

Como Bruce Willis en su clásico Sexto sentido, no se daban cuenta de que en el mundo real el gobierno estaba dispuesto a dar pasos atrás si le otorgaban garantías necesarias. Y no se trata de alguna “sutil” hermenéutica que hicimos entonces, sino de lo que declaraban los líderes del PSUV en los periódicos, obviamente por mandato superior. Tampoco sabían las implicaciones de pedir el quiebre de las instituciones, a lo que seguiría, según sus deseos, intervención de los marines o “del TIAR”. Un grupo humano que no se da cuenta de eso, merece el destino que le correspondió. La ausencia de sentido de la realidad y de integridad les hacía desear que en el país lloviera muerte y sangre, no café. El gobierno estaba dispuesto a negociar en condiciones adversas, con un adversario que contaba con casi 80% de la opinión a su favor, pero con 100% de torpeza. Difícil de olvidar un hecho por su extravagancia: ante la propuesta de negociar del gobierno, un ciudadano, famoso por participar en todas las burradas de los últimos 40 años, al que para su perdición escuchaban los “interinos”, lanzó la frase histórica: “solo negociaremos con Maduro qué comerá en el avión del exilio”.

Las “generaciones” de 1998 y 2007 fracasan, después de intentar las memeces más estrafalarias, insurrecciones civiles, calle y más calle, hora cero, golpes de Estado, invasiones extranjeras, parodias como Gedeón. Decidieron que “estaba cerrada la vía electoral” para unas elecciones en las que a su favor podían estar 7 de cada 10 votantes, acompañados por 58 países y el gobierno de EE. UU. Evidentemente “no había condiciones” pero dentro de sus cabezas. Finalmente se dedicaron a aquello para lo que si tenían: descomponerse, contorsionarse, como figuras de Howard Lovecraf o Romero Ressendi. Los del 2007 ya desde esa fecha habían caído en las manos de quien se recordará como su maestro en las artes de tener supercamionetas, “beber 18” y corromperlos. Mefistófeles, a la sazón gerente de un medio de comunicación y uno de los principales responsables de los veintitantos años de fracaso. Luego de boicotear una negociación en Santo Domingo favorable para sus propios fines, se abstienen en 2018 y dedican 2019 a toda suerte de animaladas y a pasear por el país, diría André Bretón, “como ratones en un ratódromo”, sin salida, porque seguían negados a ir a elecciones, nuevo y terrible gazapo que pagamos los venezolanos.

A partir de ahí vinieron los carnavales de Sodoma, Gomorra, Babilonia, Monómeros, Citgo, el oro, las cuentas corrientes confiscadas a Venezuela, puestas en manos de los aprendices de brujo por “matraca e’ loco”, su bienhechor. Si alguno de ellos tuviera, cariño por el sentido común, otra historia se contaría, pero conociéndolos, seguramente no sería de éxitos ¿Se imagina Ud. si “matraca e´ loco” volviera a ganar las elecciones en 2024, ¿dónde se meterán? El fracaso no tiene padres y los responsables del engendro interino, para asombro de quienes presencian el show, hoy disertan con fingido desprecio contra “los abstencionistas” y “radicales”, en la suposición de que la ciudadanía es amnésica. Luego de las euforias populares de 2015, cuando el país les entregó el alma, y de 2019, cuando volvió a hacerlo, quienes confiaron ayer hoy recusan a los responsables de tan estúpida tragedia. Se atraviesan los escombros de su propia destrucción y tampoco pueden hacer algo fructífero. En los debates de agrupaciones “alternativas” se aprecia que no hubo jamás mayor divorcio con las preocupaciones, necesidades y demandas de la gente común; viven en un mundo distinto de la realidad, en sus propias creaciones imaginarias que tienen sin cuidado a la gran mayoría.

El año pasado asistí a intercambios con un grupo de amigos dirigentes políticos sobre qué hacer frente al proceso electoral de 2024. En ellos dominaba la idea de convocar elecciones primarias para escoger el candidato de la oposición. Ante quienes tuvieron la amabilidad de oír mis desacuerdos, expuse que me parecía conveniente comenzar más bien por agrupar todas las fuerzas posibles, e iniciar un proceso intenso y extenso de recorridos por el país para recuperar la atención y la moral de combate de la ciudadanía. Citamos los ejemplos de la Concertación chilena, que lo hizo pese a espeluznantes odios internos empapados de sangre, y de Chávez, quien abrió un saco donde cupieron desde Douglas Bravo hasta Jorge Olavarría; pero no fueron útiles, porque no se valoraba la conveniencia de incorporar las otras oposiciones. Expresé que después de dos años de movilización a fondo por el país, a lo mejor –a lo mejor- no serían necesarias primarias y podría concluirse en otro método. Dudé y dudo de este método en períodos de indiferencia popular, porque si son cerradas, crean el problema político-comunicacional de reducir la participación, si son abiertas se hacen vulnerables desde afuera y recordé la experiencia de Eduardo Fernández y Oswaldo Álvarez.

Ante la idea de buscar entre media docena de métodos prácticos para escoger “el candidato”, uno que acercara factores y no dividiera de entrada, alguien afirmó, para dejar “constancia histórica” de su certitud “que si no son primarias tendrá que ser por carrera de sacos”. Me sentí estúpido por comprender en ese momento –y tarde- que no existía un ente al que podía llamarse oposición, que razonaba sin darme cuenta sobre una raza extinta y que lo correcto era hablar de oposiciones en plural. En meses posteriores otros invocaron la figura de lo que podemos llamar outsider endógeno, un extraño outsider que saliera de ellos mismos y las pasarelas se llenaron de aspirantes a ver si les calzaba la zapatilla de cristal. Un amigo cargaba la lista con cincuenta y tres precandidatos, contando aspirantes y outsiders. Pero no es lo mismo llamar al diablo que verlo, el outsider apareció entre centellas y truenos y varios se congelaron de miedo y asombro, porque, al parecer, las primarias terminarán cortando el pescuezo de los creadores, como Robespierre y la guillotina. Los datos conocidos dicen que entre 10% de los electores decididos a votar en las primarias, 83% lo harían por inesperadísimos outsiders.

Alexander Solzhhenitsyn en su novela Un día en la vida de Iván Denisovich, cuenta una extraña historia. Iván estaba dedicado febrilmente a la construcción. Desde muy temprano talaba madera, aserraba, lijaba, hacía tablas perfectamente simétricas, fundía hierro para hacer clavos y cuando se enfriaban, se concentraba en la gran estructura de madera. Luego picaba piedra y hacía mezcla para los muros de mampostería, todo con un energía desenfrenada e inagotable. Los demás prisioneros no entendían por qué se entregaba con tanto esfuerzo a construir la cárcel donde pagaría condena de diez años por un error judicial. Ganar las primarias legitimadas por el CNE hubiera sido el mayor éxito imaginable para el in-outsiderr aunque no se diera cuenta, precisamente por ser investido contracorriente, y un sorpasso catastrófico para los partidos promotores del evento. Y lo del CNE haría que Sherlock Holmes arrugara el entrecejo ante un crimen en el que todos son sospechosos, incluso las víctimas.

Ante la merienda unos se declaran vencedores (“te lo dije”), otros responden con vaselina sobre al affaire del CNE, particularmente los devoradores de alacranes, a los que el gobierno les quita un problemón de encima. Desde el año pasado rueda la posible renovación del CNE porque el gobierno piensa que su fracción podría ser canonizada más rápido que mi tío bisabuelo José Gregorio, llegó el momento de bajarlos de la nave espacial y cómo hubiera sido muy escandaloso suspender las primarias ante la emergencia del Gólem, todos de la mano optaron por complicarlas, convertirlas en “una merienda de canadienses” y espero que @JeanManinat no proceda contra mí por xenofobia, racismo (fascismo, heteropatriarcalismo, transfobia, misoginia, disforia, antitrasversalismo, anorexia y bulimia), etc. La merienda ya comienza porque un connotado miembro de la comisión de primarias anunció que serían autogestionarias (modelo yugoeslavo) y otro aboga por el consenso (modelo cubano).

 

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