Emmanuel Macron tiene la razón – Trino Márquez

Publicado en: Polítika UCAB

Por: Trino Márquez

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, mantiene un pulso que se ha prolongado durante varios meses con algunos de los principales sindicatos y organizaciones políticas tanto de izquierda como de derecha extrema, por su decisión de reformar el sistema de pensiones. Ha sido una batalla encarnizada en la que se han unido Marine Le Pen, máxima representante de la ultraderecha, y Jean-Luc Mélenchon, fundador y líder de Francia Insumisa, versión remozada del Partido Comunista Francés; también han participado Fuerza Obrera, uno de los principales  sindicatos del país, y numerosos jóvenes que se sienten amenazados por los cambios impulsados por el mandatario.

Los aspectos más controversiales de la reforma se relacionan con el aumento de la edad de jubilación, que pasaría de 62 a 64 años, a partir de 2030; y con el período de cotizaciones, que se elevaría de 42 a 43 años, en 2027. El Gobierno, en contrapartida, asegura que, gracias a los cambios, se incrementarán las pensiones de los asalariados que hayan devengado sueldos bajos durante su vida laboral. Igualmente, la reforma contempla normas  más favorables para los trabajadores que empezaron a laborar antes de los 20 años o cuyas labores demandan gran esfuerzo.

El incremento en la edad de jubilación y en los años de cotizaciones desató la furia de los grupos que adversan la iniciativa gubernamental. Los argumentos de Macron para defender su proposición se basan en el hecho inobjetable de que la población francesa ha ido envejeciendo porque la esperanza de vida ha crecido de forma significativa  desde finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando se  definieron las líneas centrales del sistema de seguridad vigente. Con la actual esperanza de vida, que tiende a aumentar con los avances de la medicina, no resulta posible mantener los costos del sistema de seguridad social con las presentes contribuciones. Ahora, los trabajadores se jubilan devengando entre 50% y 70% de su último sueldo. Al proyectar esta cifra, el Ejecutivo calcula que para 2030 habrá un déficit de 13.500 millones de euros en el esquema de financiamiento. ¿Cómo podría cubrirse ese hueco? La única vía es anticipándose mediante los cambios propuestos, o reduciendo los beneficios de los jubilados, algo  que los sindicatos se niegan a aceptar.

Macron no ha vacilado al encarar  con decisión a quienes lo adversan. En repetidas oportunidades ha dicho: «reformar las pensiones siempre ha sido impopular (…) Pero entre los sondeos a corto plazo y el interés general del país, elijo el interés general del país». El mandatario francés está en lo cierto: la obligación de un líder consiste en mantener con firmeza sus convicciones cuando considera  que está actuando de forma correcta.

El seguidismo frente a la opinión pública o las encuestas puede provocar consecuencias nefastas. En Venezuela tenemos una experiencia de casi un cuarto de siglo en el que Hugo Chávez y Nicolás Maduro se alternaron para incurrir en numerosas irresponsabilidades que eran muy ‘populares’. Desde la estatización de empresas antes productivas hasta la gratuidad (hasta hace poco) de los servicios públicos, todo fue realizado en nombre de lo que pueblo quiere. El “ahora Pdvsa es de todos” pasó a convertirse en Pdvsa, la guarida de un grupo de delincuentes que la secuestró y saqueó. El régimen dejó de cobrar las tarifas de Cantv y Movilnet, y ambas empresas quebraron. Dejó de cobrar el pasaje del Metro, y el Metro se hundió. Dejó de cobrar los peajes en las autopistas, y las vías se deterioraron hasta convertirse en intransitables. La enumeración de los extravíos del Estado populista y demagógico podría continuar hasta el infinito.

El Estado de bienestar francés, de los más generosos de Europa, podría derrumbarse si Macron no se mantiene firme frente a la intransigencia de los sindicatos y partidos opositores. En Alemania, la locomotora económica de Europa, la edad de jubilación desde hace bastante tiempo es 67 años. Antes de ese cambio era 65. El país entendió, sin conflictos, que era una modificación inevitable en vista del aumento de la esperanza de vida. En el otro extremo, los populistas de los diferentes gobiernos de Grecia pretendieron mantener un modelo de retiro incompatible con el volumen de riqueza generado por esa nación y con el exiguo aporte de los contribuyentes. Una de las consecuencias fue que sepultaron a la nación en una crisis financiera tan aguda y prolongada, que todavía los griegos están sufriendo las secuelas de tal insensatez.

Emmanuel Macron está reeditando la experiencia de Margaret Thatcher al frente del Gobierno inglés, cuando decidió enfrentar a los poderosos sindicatos que controlaban los servicios públicos y las minas de carbón. Los sindicatos se habían desvirtuado. En vez de ser instrumentos  para propiciar  la redistribución del ingreso por la vía del aumento de la producción y la productividad, se habían transformado en rémoras que habían llevado a la economía inglesa a estar entre las más ineficientes del viejo continente. Los vicios de esas mafias fueron encarados con determinación por la inquebrantable ‘Dama de Hierro’. Inglaterra se lo agradeció.

Con Macron podría ocurrir algo similar. El presidente tiene la razón.

 

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