Jean Maninat

¿La nueva, Nueva izquierda? – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

Cada cierto tiempo la “izquierda” se renueva, se ajusta a los tiempos, incorpora nuevos temas y sensibilidades a su corpus doctrinario, que es tan maleable como esa plastilina sofisticada que se extiende como un moco infinito. De tanto en tanto, emergen ineluctablemente grupos, partidos, peñas intelectuales que se autodenominan: Izquierda Democrática, Izquierda Ecoprogresista, Izquierda Inclusiva, Izquierda Participativa y pare usted de matizar. En los museos antropológicos quedan guardados bajo llave aquellos nombres sonoros, altivos, ásperos y desafiantes: Izquierda Proletaria, Izquierda Revolucionaria, Izquierda Comunista, Izquierda de Base, y pare usted de inflamar. Nadie quiere la raya felina que el término implica hoy día

Recientemente, (15 al 18 de abril) se reunió en Barcelona, España, la IV Reunión en Defensa de la Democracia convocada por los presidentes Lula da Silva y Pedro Sánchez, con la participación excepcional de la presidente Claudia Sheinbaum, y de teloneros al cuasi expresidente Gustavo Petro y la más joven reliquia de izquierda latinoamericana: Gabriel Boric, entre tantos otros. El encuentro se llevó a cabo simultáneamente con la Global Progressive Mobilisation convocada por la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista y reunió a más de 5.000 participantes de 40 países. Disculpen la engorrosa mención de nombres, pero según una noticia internacional se trata de “la mayor concentración de líderes progresistas en lo que va del siglo”. Es decir, el tout le monde del progresismo global.

¿Es posible no alegrarse con tamaña concentración de buena voluntad, mucha en el poder para cambiar las cosas? Tanta voluntad comprimida para tratar de levantar la democracia de su postración actual, ¿puede dejar indiferente a la gente y a los profesionales del tema? Ciertamente no. Lo que sí llama la atención es la repetición temática, convertida ya casi en liturgia, con sus reiteraciones mecánicas y sus invocaciones de rigor para alejar los malos pensamientos ideológicos. Allí estaban los sospechosos habituales: multilateralismo,  gobernanza digital (un recién llegado) y el patriarca temático, la desigualdad, por supuesto aderezado por la agenda del cambio climático. ¿Y la democracia?

Pues mire usted, está bordeando un precipicio, hay que resguardarla, pero allá en la vitrina del topus uranos, o si acaso en la denuncia de los regímenes de ultraderecha (cada día más difícil de caracterizar con precisión), pero con nuestras querencias atávicas no, hasta allí no estamos dispuestos a llegar. Con nuestro osito Teddy verde oliva, nuestra almohadita caribeña sucia y despanzurrada, nuestro amuleto caribeño que nos brinda la zona de confort revolucionario para dormir con la conciencia ideológica tranquila -a pesar de que sus ciudadanos sean unos fantasmas socialistas hambrientos- con mi Cuba bella, señores…no se metan. Esa es la piedra con la que topa la “izquierda progresista”, (whatever that means), allí trastabilla, se hace anciana y pierde su anunciada lozanía democrática.

¿Y qué decir de la transmutación del Socialismo del siglo XXI en una realidad política-administrativa tutelada por el imperialismo yankee? ¿Merece una reflexión? ¿Estamos ante un nuevo paradigma desideologizado? ¿Algo así como una cerveza 0.0? ¿La nueva Nueva Izquierda por venir? ¿O es solo un hipo pasajero? Vaya dilema que nadie se atrevió a levantar -más allá de la denuncia de rigor- en el happening de la izquierda progresista en Barcelona. Quedamos a la dulce espera de un alumbrón solidario…

 

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