Soledad Morillo Belloso

Misericordia – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

Termina el domingo. Fue día de la Misericordia. Muchos la pidieron, aunque no estén dispuestos a darla. En la iglesia a la que me acerco, un hombre de unos cincuenta y tantos se arrodilla en el reclinatorio del último banco. Reza. Lo veo desde el portón. Porque yo no entro. Termina el servicio y la gente va saliendo. Me siento en un murito. A la sombra, porque el calor de los abriles margariteños es fuerte. Veo al hombre salir. Solo. Camina hacia donde imagino que tiene su carro estacionado. Habla por el celular. Casi llegando a la acera, un perrito se le acerca. El hombre se detiene y lo patea. Corro en socorro del animalito. Lo abrazo. Llora, pero parece no estar herido. Angustiado sí, mucho. Lo acaricio. Me mira con ojos de caramelo. El hombre llega a su carro. Deja de hablar por el celular. Abre la puerta, se sienta en el puesto del conductor, enciende el motor y arranca.

La misericordia, que seguramente pidió arrodillado y compungido frente al Altísimo, no la tuvo para con aquel cachorrito desvalido que ningún mal le hace a nadie. Camino hasta un quiosco y le compro al cachorro una botellita de agua. Al rato aparece un niño, que reclama derechos sobre el perro. Se lo entrego. Camino hasta mi carro, lo enciendo y me voy a caminar a la playa. Remojar los pies en el agua logra calmar la intensa rabia que me inundó el alma y el cuerpo.

Misericordia. En algunos hogares no la enseñan. Y en algunas escuelas tampoco. Tal vez la dan como materia vista. No es sólo una virtud religiosa. Debe ser humana. No la venden en los quioscos. Misericordia. El término “misericordia” proviene de dos componentes latinos: “Miser”, verbo que expresa piedad y compasión hacia los demás. Representa el perdón que se vincula con un sentimiento de comprensión profunda.  “Miser” se relaciona con la idea de compadecerse y perdonar. “Cordis”, profunda compasión que llega al fondo del individuo, vinculándose con el sentimiento del corazón. La misericordia es una cualidad humana que abarca la capacidad de perdonar, compadecerse y empatizar con el sufrimiento ajeno.

Al Dios bueno en el que creo le pido que tenga misericordia de mí, y que nunca, pero nunca, permita que yo vuelva a padecer la desgracia de toparme con ese individuo que es un miserable salvaje y que no tiene ni la menor idea de qué es la misericordia.

 

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