Todo el poder para Xi Jinping

Todo el poder para Xi Jinping – Trino Márquez

Publicado en: Polítika UCAB

Por: Trino Márquez

La concentración del poder en manos del secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh), Xi Jinping, constituye un reflejo del retroceso en gran escala experimentado desde hace quince años por la democracia y el ascenso del autoritarismo en gran parte del planeta. Xi viene a sumarse a las decenas de gobernantes que se consideran imprescindibles e insustituibles, y que, por esa razón, bloquean la alternancia en los puestos de mando en sus respectivos países. En ese pelotón corren Vladimir Putin, Recep T. Erdogán, Víktor Orbán, la dinastía Castro, Daniel Ortega y, desde luego, Nicolás Maduro.

Desde la muerte de Mao Zedong, en 1976, ningún otro líder chino había acumulado tal cantidad de competencias. Ni siquiera Deng Xiaoping -inspirador de las reformas económicas e institucionales que le permitieron a la nación asiática desarrollar la economía de mercado que la colocó, en pocas décadas, como la segunda potencia mundial-  reunió tanto poder.

La decisión de impedir la entronización de un hegemón fue consciente por parte de la dirigencia china. Esta no quería repetir la dolorosa experiencia vivida con Mao, líder mesiánico con rasgos psicopáticos, responsable  del culto a la personalidad y de procesos demenciales como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural, que desataron hambrunas pavorosas y crearon un asfixiante clima de terror entre los ciudadanos, e incluso entre los miembros del Partido Comunista que tuvieran algún grado de disidencia con respecto a los ucases dictados por Mao. El propio Deng Xiao Ping estuvo a punto de ser fusilado por orden de Mao Zedong por oponerse a los disparates económicos del jefe de la Revolución. Lo salvó la intervención providencial de Zhou Enlai, primer ministro y amigo cercano del dictador.

El PCCh decidió, luego de la desaparición de Mao, que el secretario general del partido -electo por el Congreso del partido- sólo podía ser reelecto una sola vez. A la norma se le dio rango constitucional. De esa manera se evitaba la eternización de un dirigente en la cúpula de la nación. En un régimen de partido único, sin ningún rasgo de democracia liberal, esa era una decisión saludable. Además, el secretariado permanente del partido estuvo conformado por representantes de distintas facciones. Ambas medidas permitían la convivencia pacífica entre las diversas tendencias.

Este marco normativo comenzó a variar desde que Xi Jinping ascendió a la cima del régimen en 2013. El hombre manifestó desde el inicio un apetito insaciable por el poder. Después de arrancar su segundo mandato, empezó a promover de nuevo el culto a la personalidad, tan típico de la era maoísta, y a mover las piezas que le permitirían el cambio constitucional que le garantizaría la reelección para un tercer mandato.  El objetivo lo alcanzó en el recién finalizado Congreso del PCCh, donde se le ungió como el líder supremo y, por ahora, vitalicio del partido y la nación. Por añadidura, se rodeó de un secretariado permanente y un politburó conformado por incondicionales que lo han acompañado a lo largo de buena parte de su trayectoria. En el secretariado no incluyó a ninguna mujer, violando así una práctica que se había hecho consuetudinaria desde hace décadas.

Para demostrar su visión de cómo entiende el ejercicio del poder y enviarles un claro mensaje a sus oponentes, humilló en público y ante el mundo entero al respetado exsecretario general Hu Jintao, expulsándolo de la plenaria en la que se votaría por la reelección del mandatario. Hu se había opuesto a los propósitos reeleccionistas de XI, y constituía una de las escasas voces disidentes con autoridad para criticarlo y desafiarlo. Lo que presenció el planeta fue una muestra de soberbia y abuso que solo se ve en regímenes totalitarios o en sistemas democráticos en vías de extinción.

Para los inversionistas, lo ocurrido en Beijing no pasó desapercibido. Las bolsas de Hong Kong y Shanghái se derrumbaron, luego de confirmarse que Xi Jinping había logrado un tercer período y que había colocado  a sus aliados en el secretariado y en el politburó.

A los dueños del dinero les atemoriza que todo el poder se reúna en un autócrata. La economía de mercado necesita de instituciones independientes que protejan la propiedad privada, sin el temor  permanente a que el poder político pueda intervenirlas y someterlas cuando a los jerarcas les plazca. En febrero pasado, justo antes del comienzo de las Olimpíadas de  Invierno en Beijín, Xi Jinping sostuve una  cumbre con Vladimir Putin en la que suscribieron, sin el menor rubor, un documento  en el cual  criticaban la ‘decadente’ democracia de Occidente y proponían como ejemplo el modelo de ‘democracia’ de China y Rusia, expresión de los más genuinos intereses de ambos pueblos y encarnación de los verdaderos deseos de libertad de los ciudadanos. Ese mismo mes, Putin invadió a Ucrania. Poco tiempo después, Xi se convirtió en el nuevo emperador chi

Los primeros mandatarios en apoyar la asunción de Xi Jinping al poder absoluto fueron Vladimir Putin, Kim Jong un y Nicolás Maduro. Saque sus conclusiones.

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