Publicado en: El Universal
En los ya muy lejanos años 90, el país crecía al ritmo de China y con similares políticas, a las tasas más altas del mundo. El gobierno de Carlos Andrés Pérez corregía aceleradamente deficiencias de la democracia, con descentralización, reforma del Estado, económica, electoral, del régimen municipal, elección de gobernadores y alcaldes, transferencia de competencias, diafanidad informativa. Grupos de empresarios, comunicadores, monosabios, y politicuchos de unas derecha e izquierda entre las más desactualizadas y lelas en la galaxia, convierten transición en criminopensar, las reformas en el mal, (igual que hoy) las derrocan y el “centro” político histórico se deja suicidar.
Se repiten nombres y argumentos, entonces tragedia, hoy farsa, sin que los responsables sobrevivientes hayan manifestado arrepentimiento o pudor ante el daño ocasionado; solo cara de hierro y de yerro. Por ejemplo, los llamados “cuatro jinetes” quieren repetir la historia con sus sucesores. Detrás de aquel tinglado, la mano de Caldera daba cuerda a los muñecos, para llegar a su malhadado gobierno. Las élites crearon la crisis, los dos partidos del sistema, moralmente desconcertados, AD y Copei, se dejan engatusar para destruir a Pérez y a sí mismos. Los depredadores aprovechan la inestabilidad provisional que generan los cambios, según Huntington, (igual que hoy).
Hoy amenazan con derrocar a Delcy Rodríguez a nombre de los males que corrige (tal como ayer) Cada día que pasa el sistema político demuestra sus dificultades para la función que se atribuye, no promueve reformas ni deja que se hagan. Actores de una eterna ópera bufa, garimpeiros de X, tratan de ideologizar y empapar toda discusión, lenguaje (tal como ayer), lo que los iguala con aquella siniestra “guerrilla comunicacional”. Contra @Mibelis Acevedo, embiste un enjambre semialfabeta, beneficiaria de las presidencias provisionales y, Midas al revés, lo que tocan lo convierten, no en oro sino en escoria. Pero eso no los preocupa ya qué, decía Moliere en El médico a palos, “la función de los médicos es recetar y cobrar. Curarse es asunto del paciente”.
Imitan al fascismo al depredar moralmente a quien expone su criterio. Gastón Bachelard habla alguna vez de confusión discreta, la de investigadores o gente en general, a las que el sentido común les permite apertura a nuevas fuentes. Y la confusión ciega, anticientífica, de una clase media semi ilustrada, como en el caso contra Mibelis Acevedo, convierte harapos mentales en arma arrojable de fanatismo. Ayatolas, enemigos del pensamiento, confunden bipartidismo con polarización y solo mencionar esta deviene pecado comunista o chavista. En un ambiente sin terrorismo psicológico, relevantes académicos y pensadores cubrieron la ciencia política de concluyentes estudios sobre el tema.
Entre otros, Gabriel Almond, Anthony Down, Robert Axelrod, Jean Blondel, Giovanni Sartori, Paul Lazarfel, Roy Macridis. Resultan útiles dos importantes tratados-antologías: Stein Rokkan y Erik Allardt (comps.): Política de masas: estudios de sociología política, y el Proyecto internacional comparado de partidos políticos, coordinado por Kenneth Janda. Contienen suficientes categorías para abordar científicamente el tema. Nos preservan de divulgadores aficionados que llaman polarización al bipartidismo (republicanos-demócratas en EE. UU, conservadores-laboristas en el Reino Unido, AD-Copei antes en Venezuela). El bipartidismo (multipartidismo) es una forma normal y no conflictiva de fragmentación y distribución del voto, que previene desestabilizaciones y rupturas.
Joseph La Palombara, entre otros, llama “consenso básico” cuando dos o más partidos combaten fieramente por el poder lealmente, dentro de las instituciones, rechazando la polarización. Al contrario, cuando pretenden deponerlas por la fuerza o con la trampa constituyente, se trata de polarización objetivo que en nuestro caso los polarizadores no niegan. Dice Sartori: “la primera característica…de la polarización (es) la presencia de partidos antisistema importantes…de impacto deslegitimador … (pero marca una diferencia entre los dirigentes y la base) la dirección del partido puede tener motivaciones ideológicas, mientras que a la base le falta pan”.
En procesos crispados, la reacktion argumenta que “no hay transición alguna”, un fantasmón contraevidente y repite por millonésima vez la desgastada frase que Lampedusa pone en boca de Falconeri, sin saber que significa por no haber leído ni la contratapa de El Gatopardo ¿Es cierto que el risorgimento, (Garibaldi, Mazzini, Cavour), dejó “todo igual”, aunque sabemos que unificó e independizó Italia, aquel archipiélago que atormentó a Maquiavelo? La reacktion, de izquierda y derecha, suele odiar el cambio y oscurecer la realidad. Así el MlR chileno, ETA, Var-Palmares, Sendero Luminoso, los Zapatistas, Montoneros, la rechazaban. Anthony Downs habla de “partidos del chantaje”.
Sí la comunidad política está “fragmentada pero no polarizada, impera la moderación… Sí está fragmentada (también) ideológicamente… está polarizada”, continúa Sartori. En el bipartidismo-multipartidismo, los partidos son competidores, en la polarización, enemigos. La transición se expresa hoy en que del sistema de partido hegemónico mutamos al extremo contrario, el sistema polarizado y tendemos a reeditar las prácticas empleadas durante el periodo de Chávez, ahora fuera de contexto. Dicen que no ha cambiado nada, pero la polarización organiza el caos. La ministro de educación, una conocida profesora, debate abiertamente con sofistas que la declaran responsable de lo que, a renglón seguido, ellos mismos dicen que no es.
Una actitud perfectamente maoísta, fidelista, cínica (en China de Mao y Cuba, apresaban a familiares de los opositores). Dicen que no hay cambios, pero destacan que el gobierno se rehízo y marca distancia con el pasado, hay amnistía, nuevas leyes económicas, y EE. UU todas las semanas envía un clavel rojo a la presidente. La paradoja asombrosa es que sus propias praxis, la “ira sagrada”, es la prueba necesaria y suficiente para comprobar que el odio y la polarización pueden arrollar al país y lanzarlo al abismo. No luchan para construir, sino para demoler lo que sobrevive (hoy como ayer)
Donde hubo transiciones gracias a líderes que merecieron el título, la oposición, incluso extremista, tuvo talento para devenir defensora del gobierno que las hacía. No sólo Felipe González, emblema de la resistencia española, apoyó incondicionalmente a Adolfo Suárez, sino Santiago Carrillo, “el carnicero de Paracuellos”, jefe stalinista en la guerra civil del 36. Yeltsin, de conocidas malas relaciones con Gorbachov, dejó para la historia su foto montado sobre un tanque cuando el vicepresidente Yanáyev, el ministro de defensa y el jefe de KGV dieron el golpe de Estado para derrocar a Gorbachov, secuestrado en Crimea en agosto de 1991 (el Golpe de Agosto)





