Con el perdón de las focas – Soledad Morillo Belloso

Por: Soledad Morillo Belloso

La reciente «gracia»(morisqueta) del TSJ, con la sentencia respectomk9HMijk_400x400 de la obligatoriedad de obtener el 20% de manifestaciones de voluntad en cada entidad, pone de bulto una realidad: no estamos en presencia de un partido político que ha esclavizado a las instituciones; esto es una secta en comando de un régimen para la cual no existe límite alguno. Como la ciudad de Mosul en Irak, Venezuela ha sido tomada por una secta terrorista, minoritaria, barbárica.
Mucha gente se pregunta qué clase de gobierno necesitamos para salir de este lamentable estado de cosas. Por educación y formación familiar y por convicción ciudadana y religiosa,  me resulta relativamente fácil responder ese cuestionamiento, con una simple regla: no se debe hacer a nadie lo que no se quiere que le hagan a uno. Entonces, necesitamos y procuramos un gobierno que no le haga a Venezuela lo que este régimen, en sus casi 18 años, nos ha hecho. A saber, necesitamos un gobierno que no nos pisotee, no pretenda domesticarnos, no viole nuestros derechos humanos, no destruya la economía, no asesine la democracia, no magree las instituciones, no se burle del dolor de los ciudadanos, no nos mienta, no nos robe, no saquee el erario, no nos insulte, no nos agreda, no nos grite, no nos degrade, no nos ofenda, no manipule la justicia, no nos divida, no nos abandone. Todo eso, y mucho más, nos ha hecho y nos hace el régimen de Maduro. Porque necesitamos un gobierno que no haga todo eso, necesitamos cambiar de gobierno, porque está más que comprobado que este régimen no sabe ni quiere rectificar su proceder y no puede por tanto dejar de ser lo que es: el fascismo del siglo XXI.
Las ejecutorias fascistas han convertido al régimen en una libertina dictadura, ahora sí con todas sus letras. Hasta ahora había sido un gobierno profundamente autocrático, pero la arremetida contra la Asamblea Nacional y contra los ciudadanos transforma todo el escenario. Ya el régimen llena todos los requisitos para entrar en la categoría de «dictadura». Me parece importante resaltar que el quitar al Parlamento Nacional del proceso constitucional de la aprobación y control del presupuesto de la Nación pone al poder ejecutivo y al TSJ en ejercicio delincuencial. Ello tiene consecuencias no sólo políticas sino económicas. ¿Quién va a prestarle a un gobierno que viola las leyes? Pues los prestamistas poco serios que están dispuestos a correr el riesgo, a cambio de elevada retribución. Es decir, para decirlo en palabras llanas, los usureros. Lo insólito de toda una circunstancia es la torpeza del TSJ, que al aplaudir y bendecir esta violación constitucional se hace responsable de la evaluación, aprobación y control del presupuesto y gasto de la Nación, sin contar con los recursos intelectuales para ello. Es decir, el TSJ, en un yerro de proporciones apocalípticas, se convierte en copartícipe y cómplice de un proceso delictivo. Revisar los currículos de los magistrados de la sala Constitucional nos hace dudar de su competencia para el cargo que ocupan, pero nos certifica que de asuntos financieros y económicos saben estos señores lo que yo de física nuclear. Pusieron a unos rezanderos a realizar una operación quirúrgica mayor  con unos cuchillos de cocina mellados. El paciente tiene pocas oportunidades de sobrevivir y, por cierto, el seguro no va reconocer el gasto pues se violaron todos los protocolos y procedimientos en forma y fondo. Vale destacar, en negrillas y subrayado, que estos delitos son gravísimos y no prescriben. Y no habrá pero que valga. Más tarde o más temprano, aunque hoy se sientan muy protegidos, los ejecutores de esta salvajada pagarán, no sólo por lo que hicieron sino por lo que dejaron de hacer. Así las cosas, ser focas que aplauden no sólo es indigno, es estúpido… Con el perdón de las focas…
@solmorillob

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