Suicidio a cuentagotas – Jean Maninat

Por: Jean Maninat

¿En qué momento se jodió la oposición democrática? se podría preguntar un no muy original Zavalita venezolano. Probablemente no haya en la historia de la política un caso similar de pérdida de la capacidad para discernir entre opciones, de merma de reflejos políticos, de egocentrismo infantil, como el demostrado desde enero de 2016 a esta parte del calendario gregoriano que desandamos, por un segmento importante de la élite dirigente opositora del país. El extraordinario capital político que se obtuvo en las elecciones parlamentarias de diciembre 2015 se dilapidó paulatinamente, en medio de “ires y venires” de una posición a otra, de salidas de pura sangre y paradas de burro, de carantoñas para tratar de complacer a todo el mundo. Al final nadie quedó contento y se sacrificó la Unidad.

Desde esta columna semanal hemos defendido a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de sus detractores de oficio, y de las andanadas injustificadas del sector radical de la oposición. Lo cual no nos da licencia especial alguna para señalar los errores de última hora, pero sí para lamentarlos de todo corazón. Porque la MUD comenzó a trastabillar cuando le cedió parte de su alma a los bulliciosos de la primera fila y asumió la prisa del “vete ya” repotenciado como su oferta política principal.

El pistoletazo de los seis meses para dar con la fórmula para “salir de Maduro” precipitó –como toros en un encierro de San Fermín– a los principales dirigentes opositores, cada uno con su pócima particular, a buscar una salida cuanto antes porque “esto ya no se sostiene”. Vino el referéndum nonato, y luego las grandes manifestaciones que se fueron agotando en sí mismas gracias a los megáfonos irresponsables de unos cuantos aprendices de brujos, hoy todos silenciados por el régimen.

Las elecciones de gobernadores pautadas para finales de 2016 se convirtieron en una referencia maldita cuya única utilidad era identificar a los “colaboracionistas” que osaran llamar a no perderlas de vista, o a no dejarlas de lado en nombre de prioridades supuestamente más urgentes. En el proceso se desarmó electoralmente a la oposición, y en medio de diálogos a los que nadie quería acudir y a nadie convencían,  y el posterior envión de la consulta del 16 de julio de 2017 –de cuyos resultados se apropió el sector radical opositor para inventar un supuesto mandato de no participación electoral– ; la MUD perdió los reflejos electorales y entregó sus gobernaciones más representativas ya sea por derrota o por cesión con argumentos éticos. Hasta la simbólica gobernación de Miranda cayó en manos del oficialismo gracias a la pérdida de capacidad operativa de la oposición a la hora de defender el voto en las mesas. (La tristemente célebre confesión: se dejó de cubrir un 30% de las mesas).

Lo demás es historia de anteayer, y entre un paso adelante, dos al lado y tres hacia atrás, y otro diálogo fallido, nos encontramos en el peor de los escenarios posibles, con la oposición democrática desvastada, desunida y sin política para cambiar la situación, salvo la de rendir testimonio itinerante de la terrible situación que vive el país y denunciar la inequidad del régimen –que todo el planeta conoce– avanzando, así, hacia la más grande derrota de los últimos 20 años.

Porque de eso se trata, de una derrota política cuyos resultados marcarán la vida del país –o lo que quede de él– por un tiempo que se hará eterno. La “comunidad internacional” no reconocerá los resultados de las elecciones presidenciales, habrá declaraciones del Secretario General de la OEA, se reunirá el Grupo de Lima, y luego cada país volverá a lo suyo –que es ya bastante complicado para muchos­– y los venezolanos tendremos que resolver entre nosotros nuestros asuntos. Entonces, recuperar la política y la Unidad le vendrá bien a la oposición democrática.

Aun a cuentagotas, el cianuro suele ser muy dañino para la salud, según los entendidos en la materia.

 

@jeanmaninat

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