Vacunas, amores, cochinadas… - Carlos Raúl Hernández

Cal o arena, sal o avena, placer o pena – Carlos Raúl Hernández

Publicado en: El Universal

Por: Carlos Raúl Hernández

1. En el país de las maravillas, los que ganan pierden y los que pierden ganan. Aspiro no incurrir en el vicio semiilustrado de buscar explicaciones sociológicas a un problema político. El poder se gana o se pierde por errores y aciertos, que no guardan determinación fiable con la historia o la sociedad. Me hicieron mucha gracia quienes se pusieron “profundos”, “socio-fundacionales”, cuando triunfó Boric en Chile, a quien presentaron como reencarnación de Recabarren y Allende, pero solo balbucearon cuando el electorado lo pateó dos veces con la “asamblea constituyente” y lo convirtió en un corderito “neoliberal”. Creo que la estrategia de Núñez Feijóo, despegarse del pelo el chicle de derechista y avanzar hacia el centro, era correcta, tanto que el PP ganó numéricamente. En su plan estaba diferenciarse, pero lo traicionan “los motivos del lobo”, al decir de Ruben Darío, canibalizar a Vox, cosa que logra, se le pasa la mano y quita a éstos los votos para elegir diputados que él mismo necesitaba para ser presidente. Arvelo Torrealba explico que el término “pasarse de maraca” corresponde a cuando un maraquero fogoso no deja apreciar el arpa. Sánchez en juego parecido a Feijoo para capitalizar en el PSOE el voto de izquierda, acabó con Podemos, pero dejó fluir a Sumar sin hostilizarlo, sabiendo que lo necesitaría. Feijoo más bien quería ocultar a su aliado, un partido democrático conservador, a diferencia de Sánchez que no tuvo vergüenza de aliarse con Bildu, Esquerra y Pablo Iglesias, aunque después lo descabezó. El PP con su consigna del voto útil, crece en 600 mil votos, aunque parte de ellos paradójicamente se hicieron inútiles remanentes al aplicar la fórmula D´Hondt, que le hubieran permitido a Vox obtener los 10 parlamentarios que faltaron para una nueva mayoría. Ahora el fugitivo Puigdemont tiene a Sánchez por las criadillas.

2. Feijóo apostó al bipartidismo institucional dentro de un esquema y con un contendor que no es Felipe González y no quiere ni cree en eso y apuesta a la destrucción del sistema, si fuera posible. A diferencia de Pedro Sánchez, quien convoca el proceso un día de vacaciones, bloquea carreteras y trenes, hace saturar el correo, mata a Podemos implacablemente y en la misma operación lo sustituye con Sumar. Sánchez no se puso a la defensiva por sus pactos con fuerzas criptocomunistas, antiespañolas, terroristas y separatistas. El tratamiento diferente a sus respectivos delfines, complica la vida de Feijóo y da respiro a Sánchez. A diferencia, en su propia campaña hace un mes, Ayuso no exageró para así no victimizar a sus adversarios, tampoco atacó ni elogió a Vox, hizo un planteamiento centrista, sin halagos sobreactuados, se afinca en las necesidades reales de los españoles y obtuvo 47% de los votos, el marcaje más alto en el PP. En la campaña del 23 de julio el miedo de parecer radicales hizo ver al PP en el extremo contrario, serviles. Ayuso, en cambio, entendió que su trabajo era sin estruendos, ganar los votos moderados y dejar que Vox avanzara por la derecha social. Y obtuvo lo que a Feijoo le quedó lejos: su propia mayoría absoluta.

3. Uno de los errores fundamentales que cometen las antaño clases medias y los pobres en Venezuela es enfermarse, porque el sistema de salud pública es un montón de ruinas, los seguros privados precarios, a lo que se suma la fugacidad de aquella ilusión bienintencionada-como gran parte de los desastres- que se llamó “barrio adentro” con unas hadas madrinas, los médicos cubanos que desaparecen. Corrió la misma suerte que afecta probabilísticamente la mayoría de los sistemas de servicios públicos en manos del Estado en todas partes, mientras los centros de atención privados sobreviven. Hoy el gobierno experimenta en Carabobo un inusual ensayo, cuya evolución conviene seguir y estar pendientes a ver si perdura en el tiempo y tiene éxito, porque es una de las poquísimas innovaciones institucionales con racionalidad que hemos visto en mucho tiempo. Si funciona podría ser una alternativa para los demás estados, y habría que saber de dónde surge el modelo, denominado sin misterios para la imaginación con una alusión directa “800bigote”. Su particularidad consiste en que la gente no acude a los hospitales, lo que ayuda a descongestionarlos, sino que los médicos van a los hogares atendiendo a una llamada telefónica. En los hospitales-dinosaurios hay que esperar meses por una consulta y una de las peores experiencias de mi vida, incluso antes de la revolución, fue haberme presentado a media noche en la emergencia de un hospital público y tener que pararme e irme por mis propios pies ante el horror del ambiente. En mis narices reanimaban a un paciente con descargas eléctricas y un motorizado sangraba a mi lado. Me cuentan amigos de Carabobo que en las calles hay un hervidero de ambulancias que mejora cualitativa y cuantitativamente la atención, desburocratiza y aligera los viejos hospitales que consumen sus presupuestos en burocracia, a los que hay que llevar las medicinas y hasta las sábanas y el algodón. Conviene estar atento al desarrollo de este emprendimiento. El gobierno debería informar si hay experiencias parecidas en otras partes para evaluar la experiencia.

4. Serrano Poncela, creo, escribió que el verbo más tonto es el pretérito pluscuamperfecto subjuntivo de haber, hubiera, porque cuando se invoca es porque los huevos están rotos. Después de tantas metidas de pata, errores e incluso barbaridades en 23 años de la vida de Venezuela, la disidencia descubre que no hay camino distinto al electoral, pese a que a algunos se les sale de vez en cuando la oreja. “¡Si hubiera sabido que era así!” dicen que dijo la Monja de Monza. Prácticamente todos los factores políticos que enfrentan al gobierno terminaron de ver la luz en un parto infinitamente largo, así que ahora todo el mundo es “alacrán” o “colaboracionista”, signo de quienes querían votar y dialogar. Algún meme viviente todavía pide más “sanciones”, desempolvando la teoría de que es el método para remover gobiernos, pese a la experiencia en contrario desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. Si no es un malagradecido, Putin debe inmenso reconocimiento a Biden quien lo sancionó para convertirlo en líder mundial, en un contexto que impulsó la economía hasta extremos imposibles antes de la guerra. Es estimulante que desde ahora se haga una política que permita bases de entendimiento para la alternabilidad en Venezuela, como es normal, pero eso será imposible mientras el PSUV sepa que está en peligro la seguridad y la libertad de sus dirigentes y es tarea primordial de los opositores crear un ambiente de seguridades. Si el gobierno se amarra la lengua antes de insultar a los opositores y éstos normalizan plenamente sus actividades, su lenguaje, su relación con el gobierno, podría gestarse un cambio sin reacciones adversas. Algunos dirán con cierta razón que parece utópico, pero utópicos resultaron “Maduro vete ya”, “el quiebre” o “¡ya estamos cerca!”. Y mientras esté abierto un juicio en la Corte Penal Internacional, los esfuerzos que hagamos estarán perdidos.

5. No deja de sorprender el desconocimiento sobre el país de quienes no debían, y en este caso sobre PDVSA, ente que en realidad no existe, por lo menos para lo que lo crearon. Así algunos incurren en un simpático debate “estratégico” en torno a ella que asombra por su irrealidad: privatización o no privatización. Fue la tercera petrolera mundial gracias 40.000 trabajadores, pero hoy está en quiebra con 140.000, muchos subcalificados y subpagados, un macroministerio para no lanzarlos al desempleo y esa es su única función. Un alto porcentaje de pozos dañados e inexplotables, deuda externa e interna impagable, obsolescencia técnica, falta de innovación, inversión, son el legado de Rafael Ramírez, junto a su mínima productividad. En síntesis, es una gran masa de chatarra montada sobre las mayores reservas petroleras del mundo. Para que no nos califiquen de tontos, distingamos una cosa de otra sin dar ese debate surrealista sobre si “privatizar” o “no privatizar”, como si hubiera algún humano normal que le interesara comprar ese cementerio. El Estado conserva la propiedad para que estén tranquilos los caídos del catre, pero para exportar petróleo da la pelea a cuchillo entre “sanciones” y media noche privatiza la producción a través de convenios con transnacionales, que tienen los capitales, las tecnologías y redes de distribución. A nadie le interesa las ruinas de PDVSA, pero si los yacimientos. La privatización es práctica sin alborotar a los interfectos y los mantiene distraídos.

 

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