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	<title>El espacio de mis amigos - César Miguel Rondón</title>
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	<title>El espacio de mis amigos - César Miguel Rondón</title>
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		<title>¿La nueva, Nueva izquierda? &#8211; Jean Maninat</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2026 12:00:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Jean Maninat Cada cierto tiempo la “izquierda” se renueva, se ajusta a los tiempos, incorpora nuevos temas y sensibilidades a su corpus doctrinario, que es tan maleable como esa plastilina sofisticada que se extiende como un moco infinito. De tanto en tanto, emergen ineluctablemente grupos, partidos, peñas intelectuales que se autodenominan: Izquierda Democrática, Izquierda Ecoprogresista, Izquierda [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://x.com/JeanManinat">Jean Maninat</a></p>
<p style="font-weight: 400;">Cada cierto tiempo la “izquierda” se renueva, se ajusta a los tiempos, incorpora nuevos temas y sensibilidades a su <em>corpus </em>doctrinario, que es tan maleable como esa plastilina sofisticada que se extiende como un moco infinito. De tanto en tanto, emergen ineluctablemente grupos, partidos, peñas intelectuales que se autodenominan: Izquierda Democrática, Izquierda Ecoprogresista, Izquierda Inclusiva, Izquierda Participativa y pare usted de matizar. En los museos antropológicos quedan guardados bajo llave aquellos nombres sonoros, altivos, ásperos y desafiantes: Izquierda Proletaria, Izquierda Revolucionaria, Izquierda Comunista, Izquierda de Base, y pare usted de inflamar. Nadie quiere la raya felina que el término implica hoy día</p>
<p style="font-weight: 400;">Recientemente, (15 al 18 de abril) se reunió en Barcelona, España, la IV Reunión en Defensa de la Democracia convocada por los presidentes Lula da Silva y Pedro Sánchez, con la participación excepcional de la presidente Claudia Sheinbaum, y de teloneros al cuasi expresidente Gustavo Petro y la más joven reliquia de izquierda latinoamericana: Gabriel Boric, entre tantos otros. El encuentro se llevó a cabo simultáneamente con la <em>Global Progressive Mobilisation</em> convocada por la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista y reunió a más de 5.000 participantes de 40 países. Disculpen la engorrosa mención de nombres, pero según una noticia internacional se trata de “la mayor concentración de líderes progresistas en lo que va del siglo”. Es decir, el <em>tout le monde </em>del progresismo global.</p>
<p style="font-weight: 400;">¿Es posible no alegrarse con tamaña concentración de buena voluntad, mucha en el poder para cambiar las cosas? Tanta voluntad comprimida para tratar de levantar la democracia de su postración actual, ¿puede dejar indiferente a la gente y a los profesionales del tema? Ciertamente no. Lo que sí llama la atención es la repetición temática, convertida ya casi en liturgia, con sus reiteraciones mecánicas y sus invocaciones de rigor para alejar los malos pensamientos ideológicos. Allí estaban los sospechosos habituales: <em>multilateralismo</em>,  <em>gobernanza digital</em> (un recién llegado) y el patriarca temático, la <em>desigualdad</em>, por supuesto aderezado por la agenda del <em>cambio climático.</em> ¿Y la democracia?</p>
<p style="font-weight: 400;">Pues mire usted, está bordeando un precipicio, hay que resguardarla, pero allá en la vitrina del <em>topus uranos, </em>o si acaso en la denuncia de los regímenes de ultraderecha (cada día más difícil de caracterizar con precisión), pero con nuestras querencias atávicas no, hasta allí no estamos dispuestos a llegar. Con nuestro osito Teddy verde oliva, nuestra almohadita caribeña sucia y despanzurrada, nuestro amuleto caribeño que nos brinda la zona de confort revolucionario para dormir con la conciencia ideológica tranquila -a pesar de que sus ciudadanos sean unos fantasmas socialistas hambrientos- con mi Cuba bella, señores…no se metan. Esa es la piedra con la que topa la “izquierda progresista”, (<em>whatever that means),</em> allí trastabilla, se hace anciana y pierde su anunciada lozanía democrática.</p>
<p style="font-weight: 400;">¿Y qué decir de la transmutación del Socialismo del siglo XXI en una realidad política-administrativa tutelada por el imperialismo <em>yankee</em>? ¿Merece una reflexión? ¿Estamos<em> </em>ante un nuevo paradigma desideologizado? ¿Algo así como una cerveza 0.0? ¿La nueva Nueva Izquierda por venir? ¿O es solo un hipo pasajero? Vaya dilema que nadie se atrevió a levantar -más allá de la denuncia de rigor- en el happening de la izquierda progresista en Barcelona. Quedamos a la dulce espera de un alumbrón solidario&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los tiempos de la democracia &#8211; Mibelis Acevedo Donís</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Apr 2026 12:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en: El Universal Por: Mibelis Acevedo Donís «Si yo tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría muy suavemente hacia una fuente&#8230;» Antoine de Saint-Exupéry, El Principito. La teoría del pensamiento dual, marco que expertos en psicología cognitiva como Daniel Kahneman o Amos Tversky se han dedicado a desarrollar, parte de la premisa de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Publicado en:</strong> El Universal</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://x.com/Mibelis">Mibelis Acevedo Donís</a></p>
<p><i>«Si yo tuviera cincuenta y tres minutos para gastar,<br />
caminaría muy suavemente hacia una fuente&#8230;»<br />
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito.<br />
</i><br />
La teoría del pensamiento dual, marco que expertos en psicología cognitiva como Daniel Kahneman o Amos Tversky se han dedicado a desarrollar, parte de la premisa de que el pensamiento humano surge de dos modos distintos de procesamiento. Tenemos un cerebro con dos sistemas, cada uno con una velocidad diferenciada. El primer sistema es intuitivo, automático, rápido. Es el que nos emparenta con el animal, el cerebro de la sobrevivencia, el de las asociaciones rápidas y la identificación de la amenaza. El segundo, más reciente y complejo, es analítico y requiere de mayor esfuerzo; asociado a la elección, es reflexivo, serial, reglado, consciente y deductivo, por lo que suele ser más lento. Aunque ambos están siempre activos y en constante interacción, el primero es el que responde de forma automática y, sólo si es necesario, deja que el segundo entre en juego.</p>
<p>¿Qué sugiere esta explicación a la luz del vértigo comunicacional que hoy impera, que se extiende a las dinámicas de toma de decisiones colectivas y, por ende, a la política? No sólo que las personas suelen confiar primero en el sistema que favorece lo intuitivo y lleva a la formación de sesgos cognitivos, mientras que recurren al segundo sistema para que intervenga como validador de prejuicios instalados (la génesis de las burbujas de autoafirmación, de paso). También explicaría por qué las respuestas rápidas y de impacto -no importa cuán acertadas o idóneas sean- resultan hoy un camino más atractivo y apreciado que aquel que requiere análisis sosegados y penetrantes de la dificultad.</p>
<p>Ya lo anticipaba Sócrates, cuya figura y pensamiento aparecen como antítesis de esta cultura de la precipitación. La mayéutica, <i>arte de dar a luz a las ideas</i>, vigilante de “las almas, y no los cuerpos, en su trabajo de parto» (Platón, <i>Diálogos</i>), propone una temporalidad radicalmente distinta. No es proceso instantáneo, frenético ni viral, requiere de la pausa deliberada y facilitada por ese cerebro analítico, de un tiempo para el alumbramiento intelectual que es esencial para la salud de la <i>polis</i>. El reconocimiento de la ignorancia mediante preguntas que desmontan lo que ya creemos saber; la confrontación de contradicciones o la gestión de la duda no son posibles sin escuchar atentamente al otro, sin comprender a fondo antes de reaccionar. Sólo entonces el parto de la verdad se vuelve una potencia común, no un negocio de sofistas. Ese incómodo freno que introduce la reflexión -freno demonizado en la feria de bilis que azuzan las redes- es también lo que modera la visceralidad y hace posible la deliberación en democracia.</p>
<div></div>
<div>Sí: tropezamos acá con una severa complicación. Porque la democracia liberal es, ni más ni menos, un sistema que requiere “cocción lenta” y enfriamiento. A la luz de los trastornos globales, la aparición de clivajes instrumentalizados con fines electorales, ese discurso que elude la institucionalización del conflicto y tiraniza el presente, podríamos afirmar que la democracia atraviesa una paradoja temporal. Mientras que la tecnología y la comunicación digital han acelerado la capacidad de respuesta y la participación inmediata, el ejercicio democrático, en su sentido más profundo, parece estar asfixiándose bajo el peso de la inmediatez, la espectacularización, el maximalismo, la simplificación de problemas complejos, la irracionalidad. Sitiado por la estulticia y la retórica antiintelectual, además, ese estrambótico culto a la ignorancia -como reacción al conocimiento experto- que hoy se disemina desde el propio seno del poder.</div>
<div></div>
<div>
<div>Nos referimos al grito populista, a la incivilidad reactiva opuesta al logos, la palabra meditada, a la interpelación y mediación institucional. Cabe observar que de esos forcejeos entre el tiempo del algoritmo y el tiempo de la reflexión parece estar dando fe la disputa que hoy presenciamos entre Trump y el Papa León XIV: arrebato vs razón, poder vs contrapoder. El cuestionamiento de las certezas del poder temporal para buscar una verdad compartida y más profunda sobre la dignidad humana ha generado un espectacular choque con visiones que reducen la democracia a simple legitimidad de encarnación. Una fórmula que, cada vez con más eficacia, elude los filtros deliberativos y otorga al endoso de “la mayoría” el poder absoluto para disolver el nudo gordiano de los antagonismos.</p>
</div>
<div>Entender este fenómeno invita a caminar más allá de una discrepancia que no sólo es política, que no sólo es ética, sino epistemológica. En este punto, resulta útil recordar a Pierre Rosanvallon y sus planteamientos sobre la democracia compleja. A la luz de las visiones sobre la legitimidad reflexiva, podemos afirmar que las democracias están sufriendo también una crisis de temporalidad. El tiempo de la política electoral -marcado por el corto plazo, la obsesión por las encuestas, la búsqueda de reacciones inmediatas- está aniquilando el tiempo de la política ciudadana; esto es, el largo plazo, la deliberación, la construcción de una visión de futuro compartido. Siguiendo a Rosanvallon, la democracia necesitaría tres tiempos que el aceleracionismo actual destruye. Hablamos del tiempo de la memoria, clave para no repetir errores; el tiempo de la reflexión, lo que permite calibrar la complejidad de los problemas; y el tiempo del proyecto, la oportunidad para construir horizontes que superen el próximo ciclo electoral.</p>
</div>
<div>En el marco de equilibrios que la política impone para lidiar con el tiempo cuantitativo &#8211;<i>Cronos</i>, lo cronológico- y el tiempo cualitativo &#8211;<i>Kairós</i>, la ocasión-, la democracia moderna enfrenta el reto de ser más que simple expresión del momento; de superar el instante, la fragmentación, y construir una historia capaz de neutralizar la tentación del referendo permanente o la inmediatez de los sondeos. He allí, por supuesto, una certeza que también salpica a venezolanos, una y otra vez enfrentados a sus coyunturales partos, a las proverbiales compulsiones y lastres en materia de planes para la restauración democrática. Si partimos de la idea de que la democracia debe ser un sistema de juicio, no de mero instinto, los abordajes tendrían que rehuir esta suerte de <i>fast-food </i>político en el que nos sume el intercambio digital, y ser más afines a la temporalidad socrática, los trámites del cerebro consciente y deductivo. Para que la promesa no se convierta en decepción autoritaria es preciso, por tanto, que el ciudadano sea capaz de saborear argumentos, entender matices, no tragarse la información sin masticar. Y dudar siempre, contrastar siempre,</p>
</div>
<div>De cara a esa ralentización democratizadora que sugiere caminar <i>“muy suavemente hacia una fuente”</i>, por cierto, conviene esquivar la trampa de ese «pueblo inhallable» (<i>“Le peuple introuvable”,</i> 1998) explotado por la anatomía populista. La idea de una entidad única, coherente y soberana es aporía que, según Rosanvallon, desvitaliza la palabra del individuo y omite las tensiones múltiples en las sociedades. Por encima de esa urgencia por «hallar» al pueblo mediante encuestas instantáneas y reacciones en redes sociales, se trata de devolver al cuerpo cívico su calidad de conjunto plural, de construirlo a través del reconocimiento mutuo, los vínculos perdurables, los espacios de pausa, la deliberación.</div>
<div></div>
</div>
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		<title>Agallas y suicidios S. &#8211; Carlos Raúl Hernández</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Apr 2026 12:00:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en: El Universal Por: Carlos Raúl Hernández Desde el 5 de enero, two days after, planteamos que el ataque fue producto de la incapacidad para la coexistencia pacífica, el consenso básico. Se destruyó la gobernabilidad y durante 30 años de polarización, bordeamos el barranco de la guerra civil y el Estado fallido. El sistema político demostró impotencia, produjo la intervención, sigue [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Publicado en:</strong> <a href="https://www.eluniversal.com/el-universal/231363/agallas-y-suicidios-sa">El Universal</a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://x.com/CarlosRaulHer">Carlos Raúl Hernández</a></p>
<p><b>Desde el 5 de enero, <i>two days after,</i> planteamos que el ataque fue producto de la incapacidad</b> para la <i>coexistencia pacífica</i>, el <i>consenso básico</i>. Se destruyó la gobernabilidad y durante 30 años de <i>polarización</i>, bordeamos el barranco de la guerra civil y el <i>Estado fallido</i>. El sistema político demostró impotencia, produjo la intervención, sigue sin escarmiento y recuerda la picaresca de la corona francesa y el conde Von Fersen. Luis XV, hipersexual y pedófilo, según Michel Vergé y Anna Moretti, abuelo del futuro Luis XVl, lo acompañó, y a María Antonieta, hasta el lecho nupcial, para atestiguar la penetración que el involucrado no logró. Poco tiempo después, el conde se ocupó satisfactoriamente del asunto.</p>
<p><b>Treinta y tantos años de fiascos, saboteos e inestabilidad en la privilegiada estación de gasolina</b>, preocupaban tanto como ver niños lanzarse <i>triqui</i> &#8211;<i>traquis</i> o tacos de dinamita. Pero no entienden aun la terrible e infamante lección y siguen de incendiarios. Boicotean la <i>transición</i>, la posibilidad de convivir, evolucionar y competir conforme los plazos establecidos. No debaten cómo detener la crisis infraccionaría o la eléctrica, sino ensoñaciones electorales, “cuando yo sea gobernador&#8230;”. Marco Rubio responde drásticamente desde el Senado a los dos factores al, mención especial al <i>kindergarten</i> obstruccionista.</p>
<p><b>Todo el mundo ya debería saber que el secretario de Estado no le pagan para greguerías.</b> A la presidente le recita “me tienes, pero de nada te vale. Soy tuyo, porque lo dicta un papel”. Veamos: “EE. UU coopera con Delcy Rodríguez por necesidad operativa, no por legitimidad política ni absolución moral”. <i>Necesidad operativa </i>es que reconoce estar operando en medio con gente que no ha podido cepillarse los dientes solos, pensando en puestos y zancadillas <i>Remember</i> el caso en la AN a propósito de los dos cargos del “poder moral”. De no ser Rodríguez el 3E, tendríamos un uniformado.</p>
<p><b>Ella era la opción contra la entropía, la posible violencia, porque concurrir a elecciones le dio las fuerzas</b> institucionales, parlamento, gobernadores, alcaldes y el único partido con base popular, que incluso ayudó a parte de la oposición para obtener representantes. Con el zapato derecho en el pie izquierdo, como siempre, no participan en elecciones <i>cuando era</i>, como se les dijo, de hacerlo hubieran tenido fuerza para ahorrarnos la intervención extranjera. Las quieren ahora cuando no están previstas y los norteamericanos las desechan por contraproducentes, en una sociedad explosiva. por ser mitad agallas, mitad suicidio, más polarización e inestabilidad. Un normalizador ama la normalidad y sabe que lo peor es montar un nuevo gobierno sobre el mismo tigre.</p>
<p><b>Que el deterioro social siga, pero con nosotros acomodados, parece la consigna</b>. Rubio les dice a bocajarro: <i>“EE. UU… administra una estabilización donde el control precede a la legimidad”.</i> Tal convocatoria electoral imaginaria, revela que no existe idea de lo que hay que hacer en este momento. E atiende a pulsiones triviales, desaprensivas, <i>vanitas vanitatum</i>, sobre los dramas de la mayoría: el proceso inflacionario, los desórdenes salariales, macroeconómicos, monetarios, cambiarios, fiscales, empleo, inversiones, productividad. Y el gobierno norteamericano resume su mensaje: “EE. UU juzgará por hechos, no por discursos”.</p>
<p><b>La semana pasada el gobierno venezolano hizo una alocución necesaria sobre</b> el cambio económico, pero instan que acelere la <i>praxis</i> (sin olvidar la fuerza de las palabras, añadiríamos). Llevarlo un plan a todos los plazos, con fuerza comunicacional en el inmediato-corto, lo que implica, sin demoras, el paso<i> “A” number one </i>de Sinatra: restablecer las relaciones con el FMl, el BM y la CAF por mediación de Rubio. El FMl brindará la asesoría para que el plan económico cubra los ángulos técnicos necesarios. Y abre la posibilidad de lograr el prerrequisito básico anti- sanciones: reestructurar la deuda externa por cesación de pagos y confiscaciones, y rehacer relaciones normales con los acreedores.</p>
<p><b>Esa es la vía para volver al crédito internacional y lograr reconocimiento de los activos, oro y capital </b>venezolanos inmovilizados en el sistema financiero (estiman 22 mil millones de dólares). Prosigue levantamiento de sanciones ahora al Banco Central y nuestra banca privada. Medida de arranque sería nombrar una directiva independiente del Banco Central y eliminar la argucia inconstitucional que permite financiar empresas del Estado y liquidar semejantes escombros. Hay que <i>modificar gradualmente</i> el encaje bancario y exponer en lo inmediato una agresiva política antinflacionario con tasas de interés positivas, para que la gente no se refugie en las divisas.</p>
<p><b>En Bolivia, Brasil, Argentina y tantos otros, la sociedad forjó una mentalidad antinflacionaria</b>. El movimiento obrero debe saber muy bien que el peor enemigo de los trabajadores en una coyuntura inflacionaria son los aumentos de salario y el único amigo son las compensaciones no salariales, bonos y paquetes de alimentos, hasta tanto podamos liberarnos de las muletas. Iberoamérica en su conjunto exhibe deficiencias por la opacidad de sus sistemas judiciales, lo que declaran todos los días las mismas sociedades afectadas.</p>
<p><b>Por eso, desde los años 80, se establecieron los Acuerdos Bilaterales de Inversión y las instancias</b> de Solución de Diferencias entre inversores y Estado (SDIE), el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara de Comercio Internacional (CIACCI) y la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (CNUDM). Es perfectamente comprensible que Exxon no quiera ver a sus ejecutivos dirimir diferencias en tribunales de Biruaca.</p>
<p><b>Antimperialistas modelo 1946 pretenden justificar atropellos a los inversores </b>a<b> nombre de causas </b>ruinosas, demagógicas y fracasadas (kirchnerismo, correísmo, evismo) La ONG española Ecologistas en Acción dice que: “las disposiciones estándar…ponen, por ejemplo, privilegios desmedidos a las empresas transnacionales, limitando las expropiaciones directas e indirectas…”. Nadie va a ubicar sus capitales a la orden para que el iluminado de turno le saque la cartera, porque la experiencia es prolija. Gran mayoría de los países receptores de inversiones en el mundo, han confiado y confían exitosamente en estos mecanismos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Progreso es hipocresía? &#8211; Alicia Freilich</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 23:41:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en: El Nacional Por: Alicia Freilich Esta notícula, casi de urgencia, surge del asombro que todavía provocan ciertas conductas políticas reiteradas. En este caso, este viernes 17 coincidieron en España, por un lado, los llamados progresistas hispanohablantes y, por otro, María Corina Machado, en representación de la oposición venezolana, mayoría comprobada tras una larga [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Publicado en:</strong><a href="https://bitlysdowssl-aws.com/2026/04/progreso-es-hipocresia/"> El Nacional</a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a title="Alicia Freilich" href="https://bitlysdowssl-aws.com/author/col-aliciafreilich/">Alicia Freilich</a></p>
<p>Esta notícula, casi de urgencia, surge del asombro que todavía provocan ciertas conductas políticas reiteradas. En este caso, este viernes 17 coincidieron en España, por un lado, los llamados progresistas hispanohablantes y, por otro, María Corina Machado, en representación de la oposición venezolana, mayoría comprobada tras una larga lucha y grandes sacrificios por un cambio de régimen. Dicho cambio, mediante una vía electoral limpia, busca asegurar el tránsito desde la tiranía castrochavista —que ejerce el poder de forma ilegal desde hace 27 años— hacia la recuperación de la democracia liberal.</p>
<p>Solamente  y por ahora cabe preguntar:</p>
<p>¿Dónde y cuándo, a lo largo de este cuarto de siglo y en especial desde estos recientes años, han protestado por la evidente criminalidad del régimen que todavía usurpa los poderes políticos en Venezuela?</p>
<p>¿Es progreso lo que ocurre hoy en México, donde dos presidentes electos democráticamente han maniobrado en nombre de la soberanía  popular para que en ese país haya de facto un partido único y el narcopoder siga eliminando adversarios día a día?</p>
<p>¿Es “progreso socialista” lo que proclama el actual presidente de Colombia durante ese mismo lapso? ¿Que mantenga relaciones comerciales, reuniones de consulta y una confesa amistad personal con los jefes y gabinetes de una tiranía que viola los derechos humanos más elementales —espiando, encarcelando, torturando, desapareciendo o incluso “suicidando” a los disidentes—? ¿Y que este presidente, aún en funciones, junto con sus partidarios, guarde silencio como si se tratara de una cooperación normal?</p>
<p>¿En Brasil, cuánto progreso  en salud, alimentación, empleo y educación se ha contabilizado en sus  gigantescos barrios, un balance con cifras confiables, sin discursos populistas? ¿Acaso alguna vez pidieron libertad para la Venezuela secuestrada y sus miles de opositores victimizados?</p>
<p>¿Por qué la España sanchista y sus embajadores, los diplomáticos y los cínicos  corruptos comerciantes que acompañan esa presidencia, tienen ojos ciegos y oídos sordos ante su evidente propia corrupción material y moral, pero emiten a diario mensajes de odio hacia los países liberales que luchan contra autocracias y teocracias donde terroristas genocidas todavía tienen poder? ¿Por qué en sus proclamas nunca señalan con sus nombres a Hamás, Hezbolá y colectivos castrochavistas similares, como si no existieran?</p>
<p>Hay más preguntas pero falta el tiempo para que este mínimo cuestionario básico sin tardanzas peligrosas sirva de alguna referencia y sea publicado cuando corresponde, pues cada minuto cuenta y cuesta mucho debido al fascismo que sigue en el trono de la usurpada Venezuela.</p>
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<p>La entrada <a href="https://cesarmiguelrondon.com/opinion/el-espacio-de-mis-amigos/progreso-es-hipocresia-alicia-freilich/">¿Progreso es hipocresía? &#8211; Alicia Freilich</a> se publicó primero en <a href="https://cesarmiguelrondon.com">César Miguel Rondón</a>.</p>
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		<title>La fractura de Occidente &#8211; Asdrúbal Aguiar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 12:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Asdrúbal Aguiar En el remoto mundo homérico, como lo revela Aristóteles, la primera teoría ética dice que «somos los que hacemos». Es decir, la libertad nuestra llegaría, como noción, hasta la posibilidad de lo humano. Hasta lo necesario para que el ser humano, que entonces reduce la vida a la muerte, el destino, a [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://x.com/asdrubalaguiar">Asdrúbal Aguiar</a></p>
<p>En el remoto mundo homérico, como lo revela Aristóteles, la primera teoría ética dice que «somos los que hacemos». Es decir, la libertad nuestra llegaría, como noción, hasta la posibilidad de lo humano. Hasta lo necesario para que el ser humano, que entonces reduce la vida a la muerte, el destino, a la fama, al esfuerzo como fronteras que sujetan a la pasión, alcance realizarse en la plenitud de lo humano.</p>
<p>Pero al cabo, en esa realidad en la que priva lo heroico, la épica, en una pulsión entre el <em>eros</em> y el <em>tanatos</em>, entre el conservar la vida o provocarse la muerte, diría Sigmund Freud, la acción individual hace fluir consecuencialmente la convivencia entre los seres aislados. Esto lo explica Emilio Lledó, de modo que la determinación de ese ethos colectivo pasa a ser la obra del hacer individual, justificándose.</p>
<p>Así, el valor de la libertad individual se sostiene, dentro de dicha perspectiva, en tanto que representa la lucha agonal de cada ser humano para incorporarse, para ser aceptado por el conjunto al que aspira pertenecer o le otorga identidad. Y esa es, podría decirse, la matriz remota de la civilización en Occidente, cuyos causahabientes, como lo afirmaba angustiado el fallecido Papa Ratiznger, se avergüenzan de sus raíces; al punto que, en nombre de una acusada libertad – incluso de cara al integrismo musulmán que avanza sobre ella – destruyen su memoria, reiniciándola, y la estatuaria que la sostiene la tiran abajo, como suertes de adanes.</p>
<p>Lo que sorprende, sí y en nuestro caso, a saber, el que motiva esta consideración, es advertir ahora, en el marco de la deconstrucción que avanza y toca al conjunto de las instituciones políticas y sociales occidentales – a la nación que somos y a las repúblicas que nos hemos dado, es la ausencia de una verdadera comunidad cultural como común denominador; capaz de sostener a las primeras, como lo hacen las civilizaciones china e hindú, tanto como la islámica mencionada.</p>
<p>Reparo, entonces, que, más allá del choque de civilizaciones que predica Samuel P. Huntington en 1996, al señalar que los conflictos ideológicos darían paso a otro muy distinto entre las culturas y las religiones, lo que sí se advierte y presencia es un choque frontal entre los occidentales; ello, al punto de profundizarse una quiebra en el denominador común que los legaran las grandes tradiciones, la judía y la cristiana, la griega y la latina.</p>
<p>Consideremos, en primer término, que tratándose del Mundo Nuevo colombino, a lo largo de su reconfiguración y pasados los descubrimientos, la interacción desde sus extremos norte hasta el sur – desde el ártico hasta el subantártico – en ese gran mediterráneo que forma el atlántico, da cuenta del trasiego de mongoles y asiáticos por Groenlandia; luego, la incidencia francesa y anglosajona en el norte de las Américas, mientras que el centro y el sur beben en las fuentes de la Hispania romanizada y goda, Brasil, de historia distinta, se aproxima al mundo africano, mirándose el uno al otro apenas separados por un punto aislado, la isla de Santa Elena, donde, por cierto, fallece Napoléon en 1821, un gran integrador cultural y polémico, que por medio de las armas moderniza, bajo los ideales franceses, la organización jurídica y administrativa en los territorios conquistados.</p>
<p>El asunto que motiva y anima en nosotros la cuestión anterior es que, a primera vista, juzgándosela como de trinchera y en las circunstancias de grave tensión que vive Occidente bajo la administración del presidente Donald Trump, ocurre un reacomodo global e inevitable de potencias o de fuerzas ordenadoras tras el agotamiento de orden que le aportó al mundo el Sistema de Naciones Unidas, construido en 1945 sobre la tragedia del Holocausto.</p>
<p>Observamos dos variables que, vistas de conjunto son muy decidoras sobre la percepción que acerca de Occidente hemos descripto anteriormente y las titulan estas apuntaciones. Por una parte, más allá del debate jurídico bizantino acerca del respeto o no del Derecho internacional formalmente en vigor – sólo formal y nominalmente, por incapaz de conjurar el flagelo del crimen organizado trasnacional acelerado por la globalización y la pérdida de fuerza de los Estados y sus gobiernos desde los finales de la guerra fría  – la extracción policial y represiva del gobernante de facto Nicolás Maduro, ha dado lugar a un proceso que conduce la Casa Blanca en Venezuela y privilegia la estabilización económica de su nación en diáspora, a partir de su menguada actividad petrolera.</p>
<p>El asunto de la libertad y el de la experiencia democrática como forma de vida y perdida por los venezolanos, es considerada subalterna desde Washington y por las mismas élites de poder locales. A la libertad se la estima como subsidiaria, o bien como una libertad para tener y no para alcanzar el ser; que, al paso, es cuestión en la que avanzaba a tientas la nación venezolana, incluso siendo una nación de presente y de suyo inacabada.</p>
<p>A la par, dicha perspectiva asume otros ribetes, más delicados, una vez como se tensa la cuerda entre Estados Unidos, aspirante a regatearle la conducción de la gobernanza global a China, asociada a Rusia e Irán y aspirante a regir al mundo desde el Pacífico, y el pequeño Estado del Vaticano. Casi que se repite aquí lo argumentado, a la manera del interrogante – se dice, no hay prueba textual – por Stalin ante Churchill: ¿El Papa? ¿Cuántas divisiones tiene?</p>
<p>Trump ha acusado a León XIV de ser “débil” y “terrible”, mientras que este, con la serenidad de quien escribe para una lápida atemporal, sin caer en la provocación riposta: &#8211; Mi mensaje es el de promover la paz. El mensaje del evangelio es muy claro: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”, declara el sucesor de Pedro.</p>
<p>El parteaguas occidental, así las cosas, no es de momento o coyuntural. Viene de atrás y desde la hora germinal, sin que nos haya preocupado. No es otro que el permanente conflicto – que nos ha llevado hasta el punto de quiebre que se descubre en la escena, repito – entre la civilización de ser y la civilización del tener.</p>
<p>Es verdad que los moldes constitucionales acusan proximidad en las distintas naciones de Occidente, pero, por obra de la incidencia cultural de lo anterior – recuérdese la Reforma luterana – el énfasis histórico de las decisiones políticas, cuando menos en las Américas, se bifurca como en un delta cuyos brazos no se tocan. De allí los choques repetidos y desencuentros que tienen lugar entre el Norte y el Sur desde la formación de nuestras repúblicas americanas.</p>
<p><strong>El proceso de conquista de la libertad </strong></p>
<p>Apenas ocurre la inserción del Mundo Nuevo dentro de la cultura eurocéntrica, como en un movimiento de ida y de venida en coincidencia con la hora de los descubrimientos y de la huella que aquella deja en la América colombina a través de la labor evangelizadora de las órdenes católica mendicantes, emerge en paralelo otra visión escatológica opuesta. Incide esta sobre una percepción dual de la libertad, en un choque histórico que no ha logrado resolverse aún. La literatura política barata la reduce a una cuestión de lucha entre el imperialismo yanqui y un sur latino que lucha por la libertad, aun cuando atado a los mitos de El Dorado y el cesarismo.</p>
<p>En la zona sur y oriental norteamericana, tras la reforma protestante que conduce Martin Lutero a partir de 1517, desde Wittemberg, en Alemania, se instala el puritanismo calvinista. Su modelo del hacer económico deja hendidura profunda en las conciencias de sus habitantes. Extrapolados desde Escocia y a través de sus gentes, forjan raíces raigalmente individualistas, aceradamente rebeldes ante toda forma de sujeción o de mandato externo al fuero individual de cada persona.</p>
<p>La corrección calvinista, si así se le puede llamar, si bien implica una suerte de vuelta atrás al espíritu ascético del mundo monacal, lo renueva y traslada al plano de la Ciudad del Hombre, al objeto de exaltar el valor de la laboriosidad y como su fruto la prosperidad. Se retoma la idea de la predestinación del hombre, sí, como elegido por Dios, para que, desde su quehacer reduplicado, con celo sin descanso en el trabajo, en la que el ocio se ve como pecado, realice la vocación a la que le ha llamado Dios, afincado sobre una «moral» “prácticamente práctica”.</p>
<p>La catolicidad, esta vez en Europa como en las tierras descubiertas desde las líneas mexicanas hasta la Patagonia, instala una concepción del mundo y de la política – de suyo sobre la idea de la libertad – cabalmente diferente. Bajo su huella candente sobre el ethos hispanoamericano, si bien no demerita el valor del trabajo, asumiéndolo como el cumplimiento de un mandato, a saber, el de ganarse el pan de cada día con el sudor de la frente, lo esencial reside, según la enseñanza paulina, en la idea de la libertad (<em>eleutheria</em>) que parte de la misma libertad de ruptura con relación a las viejas prescripciones rituales de la tradición yahvista. Y bien puede pensarse, de entrada, en lo inmoral de separarse de la ley misma, pero el mismo Pablo de Tarso aclara y corrige cualquier malentendido.</p>
<p>Para el cristiano, lo primordial, dice, es “ser siervos unos de otros por el amor”. Se trata de la espontaneidad del amor frente a la constricción y el mismo individualismo egoísta que reintroduce la esclavitud de los sentidos, tras la postergación de la razón natural o iluminada.</p>
<p>Algunos analistas hispanoamericanos de mucho respeto – pensamos en Carlos Rangel o en Carlos Alberto Montaner: acaso influenciado éste por el pensamiento científico racional del padre Félix Varela y Morales (1788-1853) – concluyen, sobre tales consideraciones, en el porqué unos, los del Norte, han progresado en cuanto lo material, mientras los otros, los del Sur, permanecemos condenados a la miseria tanto como subestimados por los primeros.</p>
<p>El dilema entre la libertad-hacer y la libertad-deber con sus consecuencias culturales e institucionales de mucho peso, sigue corriendo y se ha sostenido como río sin madre a lo largo de nuestros magros siglos de historia.</p>
<p>La perspectiva de la reforma cristiana, al enfatizar la autonomía de la razón humana frente al magisterio de la Iglesia romana, le dio impulso a la idea de una filosofía y moral que se vive y que evoluciona y que cambia a través del tiempo. Es tributaria de la historia; por lo que la ética, es decir, la reflexión conjunta unitaria y sistemática y anticipada sobre el <em>ethos</em> o el ser y la esencia básica o el carisma que define a un individuo o grupo cultural, y el <em>mores</em>, como las reglas o costumbres concretas que la misma sociedad discierne sobre el bien y el mal, es entendida como un subproducto de la voluntad en marcha.</p>
<p>Sería tarea de los filósofos y los estudiosos, por ende y como lo fue Max Weber, el elaborar o explicitar posteriormente la moral implícita en el comportamiento individual y social, tal como este lo hace con la ética protestante calvinista. No por azar y paradójicamente, Karl Marx es al respecto un adelantado.</p>
<p>“El fundamento de la crítica religiosa es: el hombre hace la religión, y no ya, la religión hace al hombre. Y verdaderamente la religión es la conciencia y el sentimiento que de sí posee el hombre, el cual aún no alcanzó el dominio de sí mismo o lo ha perdido ahora. Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: «el hombre», dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religión, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religión es la interpretación general de este mundo, su resumen enciclopédico, su lógica en forma popular, su <em>point d&#8217;honneur </em>espiritualista, su exaltación, su sanción moral, su solemne complemento, su consuelo y justificación universal. Es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religión es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religión” escribe para prologar a Hegel.</p>
<p>De consiguiente, la única manera de resolver sobre dicho entuerto, como lo observa el filósofo español José Luis L. Aranguren, es entender que bajo el luteranismo la cuestión, incluso siendo religiosa, se resuelve desde una perspectiva jurídica de inspiración romana.</p>
<p>Al negársele significación a lo moral y a la idea de la dignidad humana como previas al hacer libertario, dada la maldad inherente al hombre, resta, conforme a la justicia, la sola imputación. Dado ello, dentro de una perspectiva económica e inseparable de lo religioso occidental – “perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” – ha de acreditarse e imputarse en el haber de cada individuo, el sacrificio hecho a favor de este por el Cristo-Dios; por lo que, habiendo sido imputado por sus pecados-delitos, según la lógica forense, estos dejan de ser tales culpas o pecados al ocurrir una suerte de indulto o perdón. Seguimos, al efecto, la Historia de la Ética compilada por Victoria Camps.</p>
<p>Se retoma de tal modo la idea de la predestinación del hombre, sí, como elegido por Dios para que, desde su quehacer reduplicado, con celo sin descanso en el trabajo, en la que el ocio se ve como pecado, realice la vocación a la que le ha llamado Dios, afincado sobre una «moral» “prácticamente práctica”.</p>
<p>Cuestión distinta, y mucho, sin embargo, es la actitud moral del católico. El mismo ve a la moral como inherente a su ser como persona y no meramente dependiente de la ley: &#8211; “La ley entera queda cumplida en una sola palabra: en el amaras a tu prójimo como a ti mismo”, reza Galatas. Lo ético, como dimensión de la religiosidad tiene su concreción, por ende, en la idea de unidad de la libertad con la conciencia del deber, con la civilización del ser; al punto que, de las tres realidades: la fe que mueve montañas o la esperanza que anima a la peregrinación del hombre sobre la tierra, la más valiosa – como esencia de la libertad – es la del amor: es paciente, es afable, no tiene envidia, no busca lo suyo, es libertad de donación, “no lleva cuentas del mal , no simpatiza con la justicia, simpatiza con la verdad”, en suma.</p>
<p>En todo ello, según San Pablo, juega un papel vertebral la conciencia (<em>syneídesis</em>) personal, que de suyo reclama, al momento de fijarse la ética de las normas, de mediación; ello, en modo de que el principio supremo del amor “seleccione por afinidad” sin mengua de lo insustituible, contando con el discernimiento individual y la valoración por este, a la luz del mencionado principio teológico, de lo que es “moralmente bueno o malo”.</p>
<p>En fondo, todo este desarrollo confluye en lo siguiente y como síntesis. El hombre que da por muerto a Dios y afinca su existencia sobre un antropocentrismo radical, en el que cada individuo se cree y ve suficiente para dar por muerto a Dios y discernir entre lo justo y lo injusto, sin mediación racional o institucional alguna, una vez como alcanza el poder o lo domina, ejerce su poder de manera mesiánica y despótica. La experiencia es más que ilustrativa. En nombre de su dignidad atropella la dignidad de los otros. Se mira en el espejo de lo uno y de su unicidad, sin respeto alguno por la otredad.</p>
<p>El hombre que, antes bien, se advierte y es consciente de sus falencias, al reconocer su dignidad inmanente e intrínseca avanza, tal como lo demuestra la misma experiencia, por sobre el camino de su perfeccionamiento. Se sabe uno más y único como realidad vital perfectible, pero entiende que su valor propio, trasferible, crece con los otros y junto a los otros.</p>
<p>Es lo que, al término, sitúa a Trump en la acera frontal de León XIV.  Es, asimismo, lo que opone la visual de María Corina Machado frente a aquél, que mira a Venezuela desde el plano de su estabilización económica y petrolera, desde “su” hacer. Aquélla, entre tanto, apalancada sobre el “ser” venezolano y la autonomía de la dignidad inmanente a toda persona, reclama el reencuentro afectivo entre las familias separadas y el goce de la libertad de discernimiento como lo preferente, tanto a lo político como a lo económico.</p>
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		<title>Durmiendo con el enemigo &#8211; Javier Conde</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 03:30:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Publicado en:</strong> <a href="https://www.elnacional.com/2026/04/durmiendo-con-el-enemigo/">El Nacional</a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> Javier Conde</p>
<p>A principios de la última década del siglo pasado Julia Roberts protagonizó una película con el título de esta nota que quintuplicó en recaudación su presupuesto. Su personaje es una joven esposa que parece vivir una vida perfecta con su marido, un asesor financiero. La pareja reside en una preciosa casa frente a la playa. Lo cierto es que él la controla hasta el mínimo detalle e, incluso, la golpea. Ella planifica fingir que se ahoga para huir de su maltratador. Pero antes necesita tiempo. Laura, que así se llama Roberts en la cinta, vaya casualidad, le tiene miedo al mar y tiene que aprender a nadar en aguas turbulentas.</p>
<p>Los venezolanos asistimos en las últimas semanas a un matrimonio de conveniencia política en el que uno y otra se tratan de manera exquisita. “Fantástica”, dice él; ella, mientras firma leyes y recibe emisarios, le agradece la cooperación y hace votos por una unión a largo plazo. Nunca, que se recuerda, ha habido una pareja tan dispareja. Él es un hombre de negocios que mide todo por la rentabilidad. Ella una revolucionaria de rodilla en el piso que decía hasta ayer aborrecer el capitalismo y confiaba en el plan de los nueve motores sin gasolina y en el florecimiento de las comunas. ¿Qué pasará, en verdad, puertas adentro en el palacio en el que ella habita gracias al 3 de enero?</p>
<p>A veces la ficción puede parecerse a la realidad. Desconocemos cómo sigue el guion y cómo será el final. El país vive atento al menor giro en esa relación. Por ejemplo, la partida de la encargada de negocios de Estados Unidos. La noticia de la semana. De repente, se va. Su labor ha concluido cuando estaba empezando. Se quiere vender como algo previsto. La señora Dogu, Laura de nombre, era temporal. Tal cosa se desconocía hasta que se hizo temporal. ¿Qué tensiones habrá en esa relación de conveniencia entre Washington y Caracas que obligó a la salida intempestiva de la mujer que volvió a plantar la bandera de Estados Unidos en ese cerro del sureste capitalino?</p>
<p>En esta historia tiene que entrar en acción otro reparto. Se confía en eso porque de algún clavo hay que agarrarse. Por ahora, Estados Unidos administra el protectorado que somos; la mujer de Miraflores, de nombre Delcy Eloína,  “avanza” en afiches, reacomodos y peregrinaje (que hoy comienza, según anunció), mientras observa el calentamiento en el Medio Oriente y cruza los dedos, suponemos, para que la resistencia iraní no imite en nada a la de Padrino López el 3 de enero.</p>
<p>El reparto, somos los venezolanos. La ley de amnistía parece de amnesia, siguen presos varios centenares de compatriotas, las protestas se reprimen como es costumbre y se sigue deteniendo gente, la sensación de miedo no ha desaparecido, la inflación perfora los bolsillos y la transición…la transición viene después: sin fecha, sin cronograma. Mientras, Delcy Eloína finge que es la mejor amiga y espera su “momento”.</p>
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		<title>La transición y la sociedad &#8211; Elías Pino Iturrieta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 03:28:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La palabra “transición” suena a cambio inevitable. Pero en Venezuela, hoy, parece más una ilusión administrada desde arriba que un proceso empujado desde abajo. Entre maniobras del poder y debilidades de la oposición, hay una gran ausencia: la sociedad. Publicado en: La Gran Aldea Por: Elías Pino Iturrieta Una transición se puede entender como el [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;">La palabra “transición” suena a cambio inevitable. Pero en Venezuela, hoy, parece más una ilusión administrada desde arriba que un proceso empujado desde abajo. Entre maniobras del poder y debilidades de la oposición, hay una gran ausencia: la sociedad.</h3>
<p><strong>Publicado en:</strong><a href="https://lagranaldea.com/2026/04/19/la-transicion-y-la-sociedad/"> La Gran Aldea</a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://x.com/eliaspino">Elías Pino Iturrieta</a></p>
<p>Una transición se puede entender como el paso de una situación a otra, como el cambio progresivo de una realidad que se le parece hacia una situación nacida de su seno que tiende a ser diferente, o que terminará siendo otra cosa. No es un cambio brusco, por consiguiente, sino el producto de una evolución pausada. Las fuerzas que la mueven no son revolucionarias debido a que no se inclinan por la brusquedad, mientras aquellas que la adversan apuestan por una demora que los debe beneficiar porque son las criaturas principales de la situación que requiere cambios, o sobre las que se presiona para convertirlas en pasado.</p>
<p>No es una mudanza que depende de la urgencia, aunque tal urgencia exista, sino de un negocio que puede ser moroso hasta extremos que pueden parecer insoportables. Los factores que deben ser reemplazados hacen lo que pueden para demorar su viaje al cementerio, mientras las figuras de reemplazo generalmente ensayan pasos que no se caracterizan por la firmeza. Si hubiera tal firmeza no se hablaría de una transición, sino de una metamorfosis inminente y amenazante. El vocablo amenazante importa mucho ahora, porque no solo puede explicar la estrategia de los candidatos al desplazamiento que pugnan por su sobrevivencia, sino también los movimientos de las fuerzas que apuestan por la novedad sin tener la sartén por el mango, esto es, sin armas útiles de veras para una victoria próxima.</p>
<p>De lo cual se puede deducir la endeblez de los factores que pretenden el cambio en Venezuela. Hay varios asuntos que refieren a su debilidad: el hecho de que fuera un factor externo la causa principal de la mutación que está en el programa (no es su obra, porque la llevó a cabo Donald Trump); la desunión de sus figuras estelares y las trabas que impone el predominio de las fuerzas del establecimiento. Así mismo, por lo tanto, también tenemos varias posibilidades de entender la privanza de los elementos que procuran sobrevivencia en medio de una situación de incertidumbre: la permanencia de sus líderes fundamentales en la cúpula, con la excepción de Maduro y su mujer; el mantenimiento de las fuerzas principales de la represión, algunas en vigorosa actividad, y la ausencia de una cabal libertad de expresión a través de cuya actividad se facilitaría la llegada de futuro porque comunicaría la realidad en forma más veraz o profesional, esto es, porque dotaría de entendimiento masivo o redondo a un proceso que no lo tiene.</p>
<p>Si se toma al pie de la letra el contenido del párrafo anterior llegaríamos a una conclusión lapidaría, o a un entendimiento especialmente digno de atención: la sociedad venezolana no actúa o no está actuando como protagonista de la transición. La situación devenida después del bombardeo imperial ha quedado en manos de los colaboradores del bombardeado, que reinan sin premura excesiva en las alturas, y de un sector político de oposición que pretende sacarlos del juego con más soledad que compañía. Se mueven y reinan en un paisaje de pocos habitantes. No se habla aquí de los diputados no pesuvitas que se sientan en la Asamblea Nacional porque son ovejos complacientes del régimen, sino del resto de las figuras y de las organizaciones realmente opositoras que quieren acabar con los desmanes y con las atrocidades del madurismo todavía campante, pero que no han buscado la manera de poner en movimiento a la sociedad venezolana para que salga de la pasividad y la mieditis y ocupe el lugar que la historia le reclama.</p>
<p>Los ejemplos de una manipulada Ley de Amnistía y la designación de empleados sumisos o simpáticos para el régimen en los cargos de Fiscalía y Defensoría demuestran cómo se la juegan en las alturas para evitar el desplazamiento, pero también la ausencia de factores que presionen de veras para evitar una parodia de tal magnitud. Tales casos refieren a la poca influencia de la sociedad en los asuntos de la transición. En manos de contados autores y sin resortes masivos que conduzcan a concesiones concretas y evidentes, que arrinconen a unos mandones que todavía no se enfrentan a una hostilidad capaz de asustarlos de veras, de ponerlos a pensar en la posibilidad de hacer maletas, la transición será sinónimo de quimera. No habrá transición mientras las mayorías de la sociedad no demuestren que la necesitan como el aire para respirar.</p>
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		<title>Poco a poco…pero, rapidito (4) &#8211; Ismael Pérez Vigil</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Apr 2026 12:00:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en: Blog personal Por: Ismael Pérez Vigil Inicié hace tres semanas un proceso de reflexión acerca del sistema electoral venezolano. Como expliqué en artículos anteriores, el objetivo de estas reflexiones es orientar de manera práctica acerca de cuáles son los puntos clave, no exhaustivos, a tener presentes con vista a un acuerdo político para [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://cesarmiguelrondon.com/opinion/el-espacio-de-mis-amigos/poco-a-pocopero-rapidito-4-ismael-perez-vigil/">Poco a poco…pero, rapidito (4) &#8211; Ismael Pérez Vigil</a> se publicó primero en <a href="https://cesarmiguelrondon.com">César Miguel Rondón</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Publicado en:</strong> <a href="https://ismaelperezvigil.wordpress.com/">Blog personal</a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://ismaelperezvigil.wordpress.com/">Ismael Pérez Vigil</a></p>
<p>Inicié hace tres semanas un proceso de reflexión acerca del sistema electoral venezolano. Como expliqué en artículos anteriores, el objetivo de estas reflexiones es orientar de manera práctica acerca de cuáles son los puntos clave, no exhaustivos, a tener presentes con vista a un acuerdo político para realizar un proceso electoral que finalice −o inicie− un proceso de «transición» en Venezuela. Una vez analizado el espinoso tema de la votación de los venezolanos en el exterior, enfoco en esta entrega otros temas, para concluir la próxima semana con una recapitulación final de los diversos temas abordados.</p>
<p><strong>Campaña electoral y ventajismo gubernamental</strong></p>
<p>Por supuesto, es crucial que se respeten las normas electorales que, aunque imperfectas y sesgadas y que deben ser modificadas en muchos sentidos, contienen las disposiciones usuales de cualquier proceso electoral. Más allá de eso y del tema de la fecha de inicio y duración de la campaña, son varios los puntos que deben ser motivo del «acuerdo político» al que se llegue para realizar un proceso electoral. No voy a enumerarlos todos; mencionaré solo algunos, muy notorios, vividos en procesos anteriores.</p>
<p>Desde luego hay que mencionar la necesidad de «acordar» y controlar el ventajismo gubernamental con el uso de recursos, espacios y funcionarios públicos en las campañas electorales; la violación de las normas de uso de espacios en prensa, radio, TV y redes sociales; la violencia que se genera a partir de «puntos» o lugares de supuesta información electoral en las cercanías de los centros de votación, y de motorizados que impunemente recorren las adyacencias de los centros electorales, ambos estos dos últimos, mecanismos de control e intimidación a los votantes; esos son solo ejemplos de las cosas que se deben «acordar» y cuyo cumplimiento hay que vigilar, pues bien sabemos que las leyes electorales en esa materia son letra muerta.</p>
<p>Pero todas esas, y muchas más que no enumero, son las situaciones usuales y convencionales que se deberían solventar aplicando las normas establecidas. El tema al que me quiero referir, que debe ser motivo de especial cuidado en el «acuerdo político» al que se llegue, es el hecho de que a los candidatos opositores se les impide hacer campaña, bien sea agrediéndolos a ellos o a sus seguidores, o impidiéndoles el libre desplazamiento por el país y la utilización, incluso de medios privados de transporte para movilizarse y recorrer el país, así como de alojamiento y locales o espacios para realizar sus actividades.</p>
<p><strong>Plan República</strong></p>
<p>Desde que se instauró la democracia y los procesos electorales después de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, las FF. AA. han venido participando en los procesos electorales. Ese papel está claramente establecido en las normas, tanto en la LOPRE como en su Reglamento, que establecen que el papel de los militares del Plan República es velar por la seguridad de los electores y de la mesa electoral, resguardar los materiales electorales, trasladarlos, mantener el orden público en el centro de votación y sus adyacencias, y velar por el orden general del proceso.</p>
<p>Igualmente se establece que ningún efectivo del Plan República podrá intervenir en el desarrollo de las actividades inherentes al proceso electoral, salvo las actuaciones que le están expresamente señaladas en la Ley y el Reglamento. Debido a que cada vez se les asignan más funciones en la custodia y traslado del material electoral y los resultados del proceso, lamentablemente en la práctica hemos visto que se extralimitan e involucran en el proceso como tal, llegando incluso a decidir el funcionamiento de los centros, la hora de apertura y cierre de las mesas, etcétera.</p>
<p>Es probable que, para este venidero proceso electoral, por su significación, se deba contar con las FF. AA. para la vigilancia y protección del mismo, pero siendo estrictos en que se cumpla escrupulosamente lo que establecen la Ley y el Reglamento y lo que se acuerde. Para futuros procesos ya se debe ir pensando en alcanzar la meta de prescindir de las FF. AA. −y, por supuesto, de cualquier tipo de milicia− y restituir plenamente el sentido y carácter eminentemente «ciudadano» de este proceso. Se ha demostrado en distintos procesos de primarias que los ciudadanos estamos en plena capacidad para desarrollarlos y que, por tanto, las FF. AA. se limiten estrictamente al cuidado y vigilancia de los centros de votación y el material, y a prevenir cualquier tipo de violencia contra los electores.</p>
<p><strong>Observación Electoral</strong></p>
<p>La observación electoral es una práctica que está bien establecida en el país e incluso regulada, quizás excesivamente desde el punto de vista del «control», por parte de los organismos electorales. Se deben eliminar todas las trabas que se imponen a los observadores nacionales, cuyas organizaciones han demostrado capacidad técnica, reconocida incluso internacionalmente.</p>
<p>Para este proceso, y a futuro, se debe permitir plenamente la observación internacional, y ese es un punto que debe estar claramente establecido en el «acuerdo político» al que se llegue. Debe garantizarse la libre y plena participación de organizaciones internacionales reconocidas de observadores; y, por supuesto, la participación de los observadores electorales especializados en la materia de los organismos internacionales como la OEA, la Unión Europea y la ONU, a los que se les debe advertir e invitar con suficiente antelación para que preparen sus Misiones de Observación Electoral, MOE, y puedan observar todo el proceso, desde la campaña, pasando por el día de la votación, el proceso de proclamación de los resultados y el seguimiento al cumplimiento de los mismos.</p>
<p>Esa «observación» −nacional e internacional− debe abarcar y comprender también que se puedan realizar sondeos a “boca de urna” y obtener «conteos rápidos» que permitan prever y reconocer rápidamente los resultados por parte de todos los involucrados en la elección.</p>
<p><strong>Respeto de los resultados</strong></p>
<p>De nada nos sirve a los ciudadanos participar en procesos electorales si luego no tenemos los medios y la fuerza necesaria para hacer que se respeten los resultados. Ocurrido lo que todos sabemos el 28 de julio de 2024, no es necesario abundar más en el tema −especialmente porque los resultados aún no han sido publicados por el CNE en ninguna fuente pública que se pueda consultar y verificar−; el punto del respeto a los resultados es uno de los más importantes y álgidos de cualquier «acuerdo político» para realizar el proceso electoral que ponga fin −o inicie− el proceso de «transición».</p>
<p>Es iluso negar que en el «acuerdo político» a negociar deben estar involucradas todas las partes que han estado participando en el desarrollo político en Venezuela, especialmente desde enero de 2026; es decir, el gobierno nacional, la oposición democrática mayoritaria y el gobierno norteamericano; y este tema, el respeto a los resultados que arroje la voluntad popular, cualquiera que éste sea, es parte fundamental del «acuerdo político».</p>
<p><strong>Marco jurídico</strong></p>
<p>Todo el basamento jurídico electoral debe ser revisado, para adaptar sus normas a una Venezuela muy distinta a aquella que era cuando se definieron las que hoy tenemos. Y aunque se requiere de una modificación jurídica mayor, por ahora, para el próximo proceso electoral, se deben eliminar las normas que dificultan y limitan el Registro Electoral en el exterior; y, sobre todo, las que sujetan el derecho a votar en el exterior a las normas migratorias de otros países. Esas son las primeras modificaciones importantes que deben hacerse, y se pueden hacer de inmediato, pues es materia de reglamento, que puede modificar el CNE una vez que se cambie el que actualmente existe.</p>
<p>Tiempo habrá, con un nuevo CNE y una nueva Asamblea Nacional, para hacer una revisión más a fondo de las leyes orgánicas que hoy rigen el proceso −LOPE y LOPRE−; comenzando por la norma absurda e inconstitucional que hoy existe, según la cual la Asamblea Nacional −que es la que finalmente designa el CNE− conforma la mayoría del Comité de Postulaciones, organismo que presenta a ella misma los candidatos entre los cuales debe escoger a quienes va a designar.</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>Cumplido el objetivo de revisar algunos de los aspectos más importantes del proceso electoral con vistas al «acuerdo político» para realizarlo, concluiré en la próxima entrega con una síntesis de todos los temas tratados.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Los herejes (figuras de la inmanencia) &#8211; José Rafael Herrera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rossa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2026 14:40:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[El espacio de mis amigos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en: El Nacional Por: José Rafael Herrera “La vida del espíritu no es la que se asusta ante la muerte sino la que sabe afrontarla y mantenerse en ella”. G.W.F. Hegel La modernidad no nació a la luz de la serenidad, sino a la sombra de un doloroso parto. Antes de ser el nuevo [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Publicado en:</strong> <a href="https://www.elnacional.com/2026/04/los-herejes-figuras-de-la-inmanencia/">El Nacional</a></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por:</strong> <a href="https://www.elnacional.com/author/col-joseherrera/">José Rafael Herrera</a></p>
<p class="has-text-align-right" style="text-align: right;">“<em>La vida del espíritu no es la que se asusta ante la muerte</em><br />
<em>sino la que sabe afrontarla y mantenerse en ella</em>”<em>.</em><br />
G.W.F. Hegel</p>
<p>La modernidad no nació a la luz de la serenidad, sino a la sombra de un doloroso parto. Antes de ser el nuevo “sistema de la verdad”, fue sospecha, escándalo y delito. Y a medio camino de la paciente confrontación de siglos, hubo apenas un momento -casi siempre silenciado- en el que el pensamiento comenzó a prescindir del <em>más allá</em> como principio explicativo del mundo. Fue apenas un momento en tres instantes de un devenir que es un pensar: Maquiavelo, Bruno y Spinoza. Es verdad que no forman una escuela o una tradición explícita, pero los une el mismo juicio que logra penetrar la política, el cosmos y la comprensión del propio ser. Ellos consumaron una destitución: la de la trascendencia como fundamento. Por eso no los une una doctrina, sino una idea que se propuso devolverle al mundo la delicada tarea de ejercer su libertad.</p>
<p>En <em>El príncipe</em>, Maquiavelo inaugura la modernidad política con un gesto de una sobriedad que aún deslumbra: la exhortación a abandonar la imaginación normativa para atenerse a la “verdad efectiva de la cosa”. Ya no se trata de cómo deben ser los hombres, sino de cómo son. Con ello, la virtud deja de ser un ideal moral para convertirse en una fuerza operativa. La <em>Virtù</em> deviene capacidad de actuar, de decidir, de imponerse ante la contingencia. La política pierde su coartada trascendente para instalarse en el terreno -incierto- de la acción. De ahí que el “escándalo” producido por Maquiavelo no consista en haber legitimado la crueldad, como suelen repetir los afectos a la doble moral, sino en haber comprendido que el orden político no deriva de un bien o de un ente superior, sino de la eficacia de las fuerzas en conflicto. En 1513 fue arrestado, torturado y desterrado.</p>
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<p>Con Bruno, el desgarramiento se desplaza del orden político al cosmos. Como se sabe, la expresión <em>kósmos </em>quiere decir, precisamente, orden. De manera que el orden de las ciudades-estado renacentistas comienza a proyectarse en el infinito espejo del universo. En textos como <em>De l’infinito</em>, <em>universo</em> <em>e mondi</em>, el universo deja de ser finito, jerárquico y centrado para abrirse a la infinitud sin bordes ni privilegios. No hay centro porque no hay periferia: hay una expansión ilimitada de mundos en movimiento, de soles, de formas de vida posible. Pero el núcleo de toda esta revolución no está en la física ni en la astronomía, sino en la metafísica: la naturaleza ya no remite a un creador externo, sino que es, en sí misma, divina. Dios no está fuera del mundo: está en él, o mejor aún, Dios es el mundo en su despliegue infinito. Esta intuición -demasiado provocadora para los prejuicios de su tiempo- le costó la vida en lo hoguera. Bruno no fue condenado por un error, como muchos años después declarara la Iglesia, sino por haber vislumbrado la exigencia de subvertir el orden del universo. En 1600 fue condenado por la Inquisición y ejecutado en la hoguera.</p>
<p>En el caso de Spinoza, la intuición de Bruno alcanza una más rigurosa formulación conceptual. Su <em>Ethica more geometrico demonstrata</em>, no es solo una obra filosófica: es el intento más profundo y riguroso de pensar el mundo sin trascendencia. <em>Deus sive Natura</em>: Dios o Naturaleza. No hay dos órdenes -uno divino y otro creado-, sino una única sustancia infinita que se expresa en todo lo que existe. Se trata de una necesidad conceptual que compromete a la moral tradicional, haciéndola perder sus fundamentos. Virtud no es obediencia servil ni adecuación a una norma externa: es potencia. “La virtud es la potencia misma del hombre”. Cada ser, en cuanto existe, se esfuerza por “perseverar en su ser”: ese esfuerzo -el <em>conatus-</em> es la raíz de toda ética, de toda política y de toda ontología.</p>
<p>No es casual que en el <em>Tratado político</em>, Spinoza reconozca la lucidez de Maquiavelo al haber mostrado “lo que suelen hacer los hombres y no lo que deberían hacer”. Entre la <em>Virtù</em> del autor de <em>El Príncipe</em> y la <em>potentia</em> del autor de la <em>Ethica</em>, hay algo más que una analogía: hay una profunda continuidad. Lo que en Maquiavelo aparece como energía política, en Spinoza se revela como <em>causa sui</em>. La acción ya no es un accidente del ser, sino su necesaria determinación. Pero este es el fundamento mismo de la filosofía de la praxis. En 1656 fue excomulgado y declarado “maldito”.</p>
<p>La línea se vuelve visible: Maquiavelo libera la política de la falsa moral religiosa; Bruno libera el cosmos de las jerarquías eclesiásticas; Spinoza libera el ser de la ficción de la trascendencia. En los tres casos, el precio es alto: tortura y exilio; persecución y hoguera; excomunión y aislamiento. Y sin embargo, los costos indican la magnitud de la sacudida. Lo que está en juego no es un argumento en particular, sino el modo mismo de concebir la realidad, una <em>nueva</em> y más concreta realidad. El lector asiste a la historia de la conciencia de la inmanencia que, además, no culmina con estos tres pensadores. Prosigue su labor con la búsqueda del momento del reconocimiento, que lleva la impronta de la dialéctica hegeliana.</p>
<p>Hay en la <em>Fenomenología del espíritu</em> una expresión que condensa el destino de esta ruptura: el “Viernes Santo especulativo”. No se trata de una metáfora piadosa sino del momento en el que lo absoluto se experimenta como muerte, como ausencia de fundamentos trascendentes. Pero para Hegel, esa muerte no es el final, sino el tránsito necesario de la conciencia hacia una forma superior de reconocimiento. Lo absoluto no desaparece: se transforma. No se presenta como un más allá inaccesible, sino como el proceso mediante el cual la razón se reconoce en la realidad y viceversa. La conciencia crece cuando las formas que se creían imperturbables se quiebran. La inmanencia no es la negación abstracta de lo trascendente, sino la condición de una reconciliación más elevada. Maquiavelo, Bruno y Spinoza son los momentos necesarios de este “Viernes Santo especulativo” en el que la verdad solo llega a ser cuando logra atravesar su propia negación, las instancias o los instantes en los que la trascendencia se quiebra y el mundo queda expuesto. Hegel no los elude. Por el contrario, los asume. En eso consiste su <em>Aufheben</em>: la negatividad es el devenir de la mediación. En 1841, Federico Guillermo IV de Prusia convoca a Schelling para que ocupe la cátedra que había pertenecido a Hegel con el propósito de “extirpar el huevo de la serpiente hegeliana”.</p>
<p>En tiempos en los que proliferan indiscriminadamente las franquicias de compra y venta de la trascendencia -política, tecnológica o ideológica-, el retorno a los grandes “herejes” ayuda a recordar que la realidad no necesita ser justificada desde afuera &#8211;<em>ab extra</em>&#8211; por un ente supremo, y que la libertad no consiste en escapar del mundo, sino en comprenderlo en su necesidad. Esos “herejes” invitan a pensar el destino de un mundo que ha aprendido -no sin dolor- a sostenerse por sí mismo. Porque la verdadera herejía no consiste en negar a Dios, sino en comprender que ni vigila ni domina el mundo, que no es la cabeza de ningún Imperio, sino su movimiento mismo, su orden yconexión, la verdad de la identidad de las ideas y las cosas.</p>
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<p>La entrada <a href="https://cesarmiguelrondon.com/opinion/el-espacio-de-mis-amigos/los-herejes-figuras-de-la-inmanencia-jose-rafael-herrera/">Los herejes (figuras de la inmanencia) &#8211; José Rafael Herrera</a> se publicó primero en <a href="https://cesarmiguelrondon.com">César Miguel Rondón</a>.</p>
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